dilluns, 1 de maig de 2017

Retall final


“A QUIEN PUEDA INTERESAR”


En mayúsculas, para recalcar que el contenido de aquel sobre solo sería apto para alguien que quisiera realmente saber, alguien preocupado por los motivos que me habían llevado a realizar un acto tan desesperado. Lo firmé, “Retalls de lectura”, y lo dejé encima de la mesa de mi estudio, junto a la única copia de llaves de la casa. Salí y cerré la puerta de la vivienda en la que había residido nueve años, desde el vigésimo segundo día de un mes de abril del octavo año del segundo milenio tras el nacimiento del niño Jesús. Marché para siempre.

El policía ha encontrado el sobre. Le llama la atención la firma, “¿Retalls?,¿Qué cojones significa?”. Me cabrea no estar presente físicamente para explicarle que Retalls significa Recortes. Recortes de lectura. ¿Cómo se dirá en inglés? No me acaba de gustar la traducción que he encontrado en el traductor de Guguel. Sigamos con el agente de policía que ha encontrado el sobre. No se atreve a abrirlo, no es de su competencia, tampoco le interesa más cosa que encontrar pruebas, no analizarlas por su cuenta, es lo que le ha pedido su superior. Se la daría en mano pero, como su jefe también ha desaparecido, guarda la misiva en un sobre acolchado con el resto de potenciales evidencias: las llaves de la casa, el cepillo de dientes, la libreta de la cuenta corriente y un cerdito hucha con cuatro perras dentro que suenan estrepitosamente a miseria.
Un par de horas más tarde, ese sobre de potenciales evidencias sobre la desaparición del bloguero acaba en un archivo de la comisaría. Nadie volverá a mirarlas. Algún día harán limpieza del archivo y el sobre acabará en el contenedor de basura de la esquina.

Ese día llega. Un carroñero urbano deja su carrito del Mercadona a un lado e introduce su cabeza en el interior del contenedor. Todo aquello que está a su alcance lo agarra y lo lanza al exterior. Basura, bolsitas con excrementos de perros policías y perros no policías, cintas de vídeo pasadas de moda, una botella de aceite Koipe y un sobre acolchado. Abre el sobre y encuentra las llaves de una casa, un cepillo de dientes, una libreta de banco, un sobre blanco y un cerdito hucha. Agita el cerdito hucha, al oír que hay algo dentro lo tira contra el suelo. El cerdito revienta en mil pedazos. El carroñero recoge un par de euros con treinta y dos céntimos. Se los guarda, también se queda con el cepillo que se mete distraídamente en la boca como si se tratara de un mondadientes. Observa el sobre blanco, no sabe leer lo que hay escrito fuera y lo abre con la esperanza de que dentro guarde unos cuantos billetes. En vez de eso solo encuentra una carta llena de garabatos incomprensibles para él. Tira descuidadamente carta y sobre al suelo, allí se quedan, encima de las llaves, la libreta y los restos del cerdito.

Comienza a llover y las letras de la carta se van emborronando poco a poco. Un tipo al que acaban de robar la cartera y ha estado en la comisaría denunciando el hurto, presta atención a toda aquella basura desparramada por el suelo. Coge la carta e intenta leer el contenido. Solo es comprensible la última frase. 



 JAPVIDAL

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