divendres, 27 de novembre de 2009

La Encrucijada / Cross Roads Blues

Mi nombre era Robert Dodds, 
ahora me llamo Robert Johnson.


I went down to the crossroads, fell down on my knees.
Asked the lord above for mercy, save me if you please. 


Durante años pensé que mi padre era alguien que realmente nunca fue. 
Ahora sé que mi padre era alguien que pasaba por allí, 
nada más. 
Llevo la sangre y el apellido de un desconocido.


I went down to the crossroads, tried to flag a ride.
Nobody seemed to know me, everybody passed me by. 


Mi amor murió al dar a luz, con ella también perdí a mi hija. 
No podía quedarme en Robisonnville, debía marchar. 
Todos decían que era muy bueno con la harmónica 
pero que no tenía ni idea con la guitarra. 
Cogí mi vieja Gibson y, sin más, 
me fuí a buscar la inspiración. 


Im going down to rosedale, take my rider by my side.
You can still barrelhouse, baby, on the riverside. 


Pero la inspiración tiene un precio,
yo lo pagué en la encrucijada entre la 49 y la 61. 
Todos creen que allí hice un pacto con el Diablo, 
esa será mi historia. 
Pero realmente, lo único que pasó, 
es que allí me di cuenta que no había vuelta atrás, 
que a partir de ese momento sólo viviría para la música, 
y que no volvería a pasar por allí hasta que 
no tocase mi Gibson como el mismísimo Lucifer. 
Ese fue mi pacto: sólo amaré el blues.


You can run, you can run, tell my friend-boy Willie Brown.
And Im standing at the crossroads, believe Im sinking down. 


Cada noche duermo con una mujer diferente, 
de la que no recuerdo nada 
pues siempre estoy borracho. 
Solo yo y mi guitarra, 
ese fue el pacto,
no dejar de tocar blues
 hasta que mi sangre corra por las cuerdas. 
Sé que algún día este trato me llevará a la tumba, 
no se puede vivir con reglas tan sencillas, 
a los demás no les gusta. 
No sé puede ser un nómada cuando a nadie le gusta los imprevistos. 
No sé puede ser diferente cuando todos tienen miedo. 
Ese será mi final, y en mi tumba pondrán:  
¡Descanse en el Blues! 

dilluns, 23 de novembre de 2009

El niño y el cura (parte 2 de 2)

(Viene de: El niño y el cura - parte 1)



El cura habla con una voz muy grave y clara; la voz de alguien entrenado para hablar en público; una voz que podría hipnotizar a las masas. Él es alto y flaco, muy pálido, con los ojos de un azul intenso y una dentadura completa y blanca. Su cara está llena de arrugas, sus cabellos son blancos, es anciano pero, por su voz y sus movimientos, parece estar en muy buena forma.
- Sí, señor, me llamo Anesti.
- ¡Qué bonito nombre!, ¿sabías que en griego significa “resucitado”?. Yo soy un súbdito del Señor que viene de un sitio muy lejano, solamente para verte a ti. Me han dicho que eres un niño muy listo, pero que nunca has sido bautizado. ¿Es así?
- ¿Qué significa bautizado?
- Es el acto cristiano mediante el cual eres introducido en la fé de Dios y perdonado del pecado original. ¿Sabes que si murieras hoy, en tu estado, irías al infierno de cabeza?
- ¿Por qué?, pregunta el muchacho
- pues porque los padres de todos nosotros, Adán y Eva, pecaron cuando cayeron en la tentación de la serpiente.
- Pero si yo ni siquiera conozco quienes son esas personas, ¿por qué me culpan a mi de sus pecados?
- Nadie te culpa del pecado original, tan sólo, que es un estigma que los hombres llevamos cuando nacemos, por eso nuestro nacimiento es pecaminoso.
- No entiendo que significa eso.
- Pues que nacemos de un acto sexual. Así como el Diablo tentó a Eva con su manzana, todas las mujeres desde ella, tratan constantemente de seducirnos con sus cuerpos para hacernos caer en el pecado carnal. Cuando el hombre cae seducido por los hechizos de la mujer, ayudada por el Diablo, que susurra al oido de los hombres, se produce la unión carnal, el aborrecible acto sexual, el cual es el origen de todos nosotros. Por eso, todos nacemos en pecado, porque somos el resultado del pecado. Si no nos bautizamos nunca nos libraremos del pecado original.
- Pero sigo sin entenderlo. Si mis padres pecaron…¿qué culpa tengo yo?
- Bueno, el Señor, en su benevolencia, cuando un recién nacido no bautizado muere, lo envía al limbo, pues aunque no puede acceder al cielo, al estar marcado por el pecado de sus padres, al menos no lo envía al infierno, donde sería eternamente castigado por el fuego a causa de un pecado que no es suyo.
- Pero no es justo..
- ¿Cómo que no es justo?, es la Ley de Dios.
- ¿ Y a quién le ha dicho dios esta ley?
- A los pastores de la Santa Iglesia Católica Apostólica. Nuestros obispos y a su santidad el Papa de Roma.
- ¿Hablan ellos con dios?
- Por supuesto, en sus rezos.
- ¿Y qué les dice?
- Pues les inspira las reglas que deben regir la vida y la moral de los hombres. Y les indica las decisiones que han de tomar.
- ¿Y por qué dios no nos lo dice a cada uno de nosotros?
- Porque no somos dignos de escuchar la voz de Dios.
- Mi madre decía que escuchaba voces.
- Tu madre debía estar endemoniada. Espero que recibiera los últimos sacramentos antes de morir.
- Nadie le dio nada, murió de noche mientras dormía. Era una persona muy buena, aunque siempre estaba triste. Pero si los obispos y el papa oyen también voces, ¿por qué ellos no iban a estar endemoniados y mi madre sí?
- ¡No digas eso ignorante!, ¡ por menos de eso han muerto muchos!
- ¿Quién los ha matado?
- Pues los encargados de hacer valer la ley de Dios.
- ¿El papa y los obispos?
- Efectivamente.
- ¿Y también les había dicho una voz que debía matar a esa gente?
- Exacto
- ¿ Y si en verdad era el diablo el que les hablaba?
- ¿ Cómo va a hablar el Diablo al Papa?
- Quizás se hizo pasar por dios. Le pudo imitar su voz y el papa pensó que era dios.
- Eso es imposible. Al Papa sólo le habla Dios.
- ¿Nadie ha hablado nunca con el diablo?
- La pecadora Eva, muchos profetas…y nuestro señor Jesucristo también fue tentado por él.
- Pero…si a Jesús le hablaba el diablo…¿por qué no pudo hablarle también al papa?
- Esa blasfemia podría llevar a la idea que el Papa no es infalible. Es imposible.
- ¿Qué significa infalible?
- Que el Papa no se equivoca nunca.
- ¿ Por qué no se equivoca?
- Porque así lo dice Dios.
- ¿ Y a quién se lo ha dicho?
- A su santidad el Papa
- ¿ Y si se lo ha dicho el diablo?; si el diablo fuese listo le podría decir al papa que su voz es la de dios y que si le hace caso nunca se equivocará, así lo convencería para que hiciera lo que él quiere.
- ¡Vaya tontería de blasfemia!. Si eso fuera así el Papa nunca haría el bien.
- Bueno, quizás podría hacer algunas cosas buenas para despistar, y por otro lado tomar decisiones que al final llevaran al mal.
- Dios no le dejaría nunca al Diablo manipular a su representante en la tierra.
- Pero antes ha dicho que el diablo tentó a Jesús, que era el representante de dios en la tierra. Si tentó a Jesús, podría haber tentado a cualquier otro hombre con el permiso de dios. ¿ Y el papa nunca ha hecho nada que pueda parecer malo?
- ¡Nunca! ¡Ya está bien de tanta blasfemia, pecador!
En este momento el cura comienza a hacerse más grande, una figura gigante toda de negro, desafiante sobre el niño. Su rostro se hace aún más pálido, con sus ojos azules inyectados en sangre. Una mueca de rabia incontenida desdibuja su faz. Una gran nube negra tapa de repente todo el cielo, mientras un viento huracanado arremolina la tierra y las hojas delante de las dos figuras.
Pero justo en el mismo momento que el primer rayo cae a escasos metros de ellos, el niño se levanta desafiante, su figura se hace mucho más grande, alcanzando la altura del cura, y su rostro también cambia,  es el rostro de un joven de unos veinte años, con barba y pelo largo, ambos oscuros, y con unos ojos llenos de vitalidad y fuerza. Con una voz poderosa, que se sobrepone al sonido del trueno, comienza a decir:
- Entonces, ¿no es verdad que durante siglos y siglos, esos tales papas sólo se han dedicado a intentar conseguir abarcar el máximo de poder terrenal posible?, ¿Acaso no han corrompido la iglesia desde su cúpula hasta su base?, ¿Acaso no han proclamado guerras o han bendecido bombas que posteriormente han matado miles de seres humanos? ¿acaso no han apoyado a crueles regímenes que han violado todas las leyes humanas? ¿acaso no han exterminado a sus competidores, muchas veces tan viles como ellos? ¿acaso no han permitido la pobreza y el hambre cuando hubiesen sido capaces de luchar por un mundo más justo? ¿acaso no han lapidado a todos aquellos que han osado desafiar su poder? ¿acaso no han predicado más la guerra y el odio que la convivencia pacífica y el respeto entre los diferentes?
- ¿Quién eres tú?
- ¿No lo sabes? Yo soy la la libertad, el respeto mutuo y la humildad. Y yo sé quién eres tú,  Satanás es tu nombre, vienes predicando tu propia doctrina llena de odio, envidia y rabia.  Tu eres el Diablo, y tambien Dios, pues tan malo es el Dios que predicas como el Diablo que dices combatir y que a su vez alimentas con tu Dios.
De repente, un rayo cae sobre el cura y éste desaparece...y con él, la nube negra que oscurece el día, dando paso de nuevo al sol estival. El joven vuelve a tomar su forma de niño y se queda mirando el cayado del cura, lo coge y apoyándose en éste se marcha del pueblo a paso tranquilo.
Nunca más lo volverán a ver los habitantes del pueblo. Pero desde ese momento, sin que ninguno de ellos sepa por qué, todos ellos se sentirán más unidos y con el deseo sincero de ayudarse mutuamente, sin prejuzgar ni envidiar al prójimo, tan sólo buscando una prosperidad común.

dijous, 19 de novembre de 2009

El niño y el cura (parte 1 de 2)

Un sol implacable quema la resignada meseta castellana. Todas las tardes se repite la misma historia. La gente de esta zona está acostumbrada a las condiciones extremas del verano y también a las del invierno, unas y otras tienen en la  tierra el mismo efecto que en las personas, los cuartean generando con el tiempo unos profundos surcos secos en su piel.
En uno de esos pueblos de la meseta, esta tarde, a la sombra de la pared de una casa de adobe,  se sienta sobre un banco de piedra fresca un muchacho que no debe llegar a los diez años, con un botijo al alcance de sus pequeñas manos. El muchacho está sentado mirando al horizonte, como si viera más allá del trigo que se levanta amarillo en los campos lejanos pidiendo ser segado antes de que sea demasiado tarde y sus espigas se quemen al sol. Este muchacho parece estar esperando la llegada de alguien, tranquilo, como si dispusiera de todo el tiempo del mundo, lo contrario de lo que se podría pensar del comportamiento de un niño de su edad.
Se sienta con las manos recogidas sobre su regazo, la espalda recta, como se sentaría un alumno aplicado en la clase mientras escucha atentamente a la profesora, al acecho de las preguntas de ésta, deseando ser el más rápido en alzar el brazo para poder contestar.
Si hubiésemos estado aquí durante los últimos quince días, podríamos haber visto al niño sentado en la misma posición cada tarde, esperando y esperando tranquilamente, sin perder la paciencia.
Si hubiésemos preguntado a la gente del pueblo quizás, con suerte, nos hubiesen contestado que Anesti es el único niño del pueblo, y que sus padres murieron ya de viejos, aunque él acaba de cumplir nueve años. Su madre tenía más de setenta años cuando dio a luz a su único hijo. Su padre ya había muerto cuando su madre aún no había comprendido que estaba embarazada. Ni siquiera tenía el ciclo desde hacía más de un cuarto de siglo. Nadie entendió lo  que había sucedido, pero más que hablar de un milagro, la gente callaba dando por sentado que ese niño estaba marcado por Dios o el Diablo.
El día antes que Anesti cumpliese cinco años, su madre murió. Nadie se quiso hacer cargo del muchacho, pero todos los habitantes del pueblo cumplieron una especie de pacto no firmado para llevarle cada semana alimentos y ropa usada, para que pudiera subsistir por su cuenta en la casa de sus difuntos padres. La llegada del niño tampoco había traido más mala suerte al pueblo de la que ya tenía, sus cosechas eran tan pobres como siempre habían sido, y tampoco había variado mucho el número de habitantes, pues lo jóvenes hacía décadas que habían huído a las ciudades, y en el pueblo sólo quedaban ancianos…excepto este niño, con lo que el pueblo se había ido desertizando poco a poco, de entierro en entierro.
Anesti nunca ha ido al colegio, pues el pueblo no tiene escuela y no hay ningún otro pueblo en más de ochenta kilómetros que de ella disponga. Nadie le ha enseñado a leer ni a escribir, a sumar o a restar. Su escuela es el campo, pues se dedica a cultivar las tierras heredadas de sus padres. Al poco de morir su madre, los lugareños comenzaron a ver como el muchacho les observaba atentamente mientras ellos trabajaban la tierra, fijándose en cada una de sus tareas. A la semana siguiente ya estaba trabajando la tierra de la misma manera que había visto a sus vecinos trabajarla, pero parecía ser que él había perfeccionado la técnica, pues ,desde entonces, sus cosechas siempre habían sido mejores y más abundantes. En cada estación, él observaba a sus vecinos realizar las faenas que tocaban para más tarde aplicarlas él a su manera consiguiendo mejores resultados.
En verano, siempre dedicaba las mañanas a trabajar en sus tierras, y por las tardes se iba a bañar solo al riachuelo que pasaba cerca del pueblo, a jugar con la poca agua que por allí fluía.
Pero los últimos quince días, el muchacho había cambiado su costumbre de ir al riachuelo por la de quedarse sentado a la sombra de su casa esperando …. pero, ¿esperando qué o a quién?
 Por el horizonte se empiezan a divisar las primeras nubes que dan aviso de la cercanía de una tormenta. Pero el muchacho no mira las nubes en ese momento, su atención se ve atraida por el sendero que se pierde en el horizonte, un sendero por el que se comienza a ver una figura acercarse; dicha figura, poco a poco, se va haciendo más grande, pasando de ser un punto negro a definirse como la silueta de una persona alta apoyada en un largo bastón, vestida de negro y con un sombrero de ala ancha también negro en su cabeza.
Desde que el muchacho comienza a divisar la figura en la lejanía que se acerca, hasta que ésta se para a pocos metros de él, habrá pasado una media hora larga.
- Hola Anesti, porque te llamas así, ¿verdad?

(Sigue en : El niño y el cura - parte 2)

dissabte, 14 de novembre de 2009

El regalo

Sonaba el móvil. La chica lo sacó de su bolso marrón con flecos. Era la única pieza de su indumentaria que no era negra. Su aspecto, que algunos habrían definido de gótica, chocaba por completo con ese bolso, vamos, que no le pegaba para nada, dándole un toque hortera.


- Dime...¡Mierda!, justamente hoy....no, no puedo, es el cumple de mi viejo, y no me lo puedo perder por nada, otro día será...gracias...yo también te quiero.


La chica cerró la tapa del celular y siguió tomándose su cerveza Mahou en aquel bar. Se moría de ganas por fumar, así que decidió pedirle un vaso de plástico al camarero y salió fuera del establecimiento para poder fumarse el cigarrillo, a la fría intemperie otoñal, sin infringir ninguna ley. Su padre le había comentado alguna vez que hacía mucho tiempo, cuando ella era un bebé, aún se podía fumar en los bares, y que seguramente en uno de esos, a ella le habría venido el vicio del tabaco, prácticamente recién nacida, mientras sus padres se tomaban unos pinchos de tortilla, acompañados de unas cortos, en el casco viejo de Pucela. ¡Cómo le hubiese gustado a ella poder disfrutar de un buen piti calentita en el bar! Ahora era imposible fumar entre cuatro paredes, no había un puto local donde estuviese permitido. 
Cuando hubo terminado el cigarrillo volvió a su mesa, apuró la cerveza, que seguía igual de fría gracias al frío de la calle, cogió su chupa negra y se marchó del garito tras abonar los ocho euros de su cerveza.
Aún no le había comprado el regalo a su padre, así que disponía de dos horas escasas antes de volver a casa. Esta parte del cumpleaños era la que le daba más palo. Nunca sabía que comprarle a su padre. Dos años antes, había triunfado comprándole una guitarra acústica nueva. Su padre era un enamorado de las guitarras. Lo peor del regalo fue que, nada más desenvolver el instrumento de su embalaje, el hombre se puso a tocar todas las canciones que recordaba de sus años de juventud, sin pasar por alto aquellas que había hecho con el que fuera su grupo, ella ya no recordaba el nombre de dicho grupo, pues nunca ponía mucha atención a los desvaríos nostálgicos del viejo.
Comenzó a buscar por las tiendas del centro de Valladolid y, al final, acabó en la vieja tienda de discos del DJ Leonato. Se le había ocurrido una idea genial: iba a comprarle a su padre alguna antigualla de CD, de las que tanto le gustaban. Aunque todo el mundo se bajaba la música por internet, su padre era de los pocos nostálgicos que seguían acudiendo a las escasas tiendas de discos que sobrevivían, como si se tratase de tiendas de antigüedades. En ellas encontraba aquellos grupos descatalogados de los años 90, su época favorita. La tienda de DJ Leonato era la favorita de él, pues era la tienda de su gran amigo de juventud, otro nostálgico rebelde que se negaba a rendirse a las tendencias modernas. En su tienda podías encontrar todas las rarezas habidas y por haber: aquel directo de los legendarios The Police que nunca se había editado...pues él lo tenía; o aquella canción inédita de Kurt Cobain que éste había escrito la misma tarde en que se metió una pistola en la boca y apretó el gatillo...también estaba en su tienda. 
Uxía, en vez de perder el tiempo buscando entre los diferentes estantes de discos (llenos de polvo pero meticulosamente organizados y ordenados), se fue directa a buscar al dueño de la tienda, al que ella consideraba como su tío, aunque no hubiera ningún vínculo de sangre entre ambos. 


- Hola tito, necesito sorprender a mi padre con un buen CD
- Pues espero que tengas suerte.
- Lo digo en serio, tito. Quiero hacerle un regalo que le guste de verdad. ¿Qué me aconsejas?


El señor Leonato la miró por encima de sus pequeñas gafas en silencio durante unos diez segundos, y luego salió de su mostrador y se puso a caminar entre los estantes. Echaba ojeadas a un lado y a otro, hablando para sí entre dientes, hasta que de pronto se paró delante de un estante determinado. 


- Creo que tengo lo que buscas. Tu padre siempre quiso tener este disco pero, por una causa o por otra, nunca se lo compró, y siempre pensó que descargárselo de internet era un sacrilegio. Este era uno de sus grupos favoritos.
- Me lo quedo, gracias tito, ¡eres un sol!
- La joven le dio un beso en la mejilla al comerciante cuando este le dio el cd embalado para regalo y le dijo que se lo daba gratis, todo un alivio para su bolsillo.
- Por cierto, a ver cuando cambias de bolso, ese te queda fatal.
- Ya lo sé, pero fue el regalo de papá para mi 22 cumpleaños, y no le puedo romper el corazón. Quizás un día de estos lo pierda.


Salió corriendo de la tienda y marchó directa para casa, tenía el tiempo justo para llegar a ayudar a sus padres a poner la mesa para cenar.
Después de la cena, su madre apareció con un pastel con dos velas, un 6 y un 0, la edad que acababa de cumplir su padre. Después de soplar las velas llegaron los regalos. Uxía estaba emocionada por poder regalarle a su padre algo que realmente él desease, así que prácticamente no podía esperar el momento de darle su regalo. 


- Espero que te guste, creo que hace mucho que lo buscas.
- A ver qué es.....


El hombre rompió con ganas el envoltorio y sacó el CD mientras su cara cambiaba poco a poco.


- ¿Qué pasa?, ¿no te gusta?
- Mmm, Sí, sí, mucho. Siempre he querido tener este disco de La Oreja de Van Gogh.


En una tienda de discos del centro de Valladolid, el dueño, completamente solo, se retorcía de risa imaginándose la situación.

dilluns, 9 de novembre de 2009

El salto

Me asomé al abismo, una simple mirada me dio la idea que debía haber unos cien metros de altura. Una sensación de vértigo recorrió mi espina dorsal. En ese momento oí la voz de 
                                                                     Marc, desde el otro lado me decía 
                              “¡Salta!, no pierdas más tiempo, si no te 
atrapará


¿Quién me iba a atrapar?, la ansiedad no me dejaba pensar. Era una sensación de 
ahora o nunca. ¿Pero por qué debía saltar? 
¿quién me perseguía?, 
                              ¿un monstruo?, 
                                                    ¿la policía?...
                                                                       ...¿la vulgaridad?


El salto en sí no era gran cosa, debía ser un metro de longitud, pero...¿y si tropezaba y no conseguía llegar al otro lado?, ¿qué sería de mí?
Y además, ¿qué me esperaba en el otro lado? ¿acaso un futuro en la clandestinidad sin posibilidad de volver atrás? ¿y si me arrepentía? ¿y si no era tan valiente e inteligente como para enfrentarme a lo que me esperaba tras el salto?
                                                           Pero si no saltaba, 
nunca llegaría a contestar estas 
preguntas. 
                                                     Fuese lo que fuese que me perseguía, 
                                  acabaría por atraparme, 
              y ya no volvería a tener 
otra oportunidad.


 Ahora o nunca, 
                      ahora o nunca, 
                                                     AHORA O NUNCA!!!!

dijous, 5 de novembre de 2009

SPACE ODDITY

El comandante Tom acaba de perder la conexión con el Control de Tierra. La luz del interior de la cabina se apaga, un silencio total invade la nave y él, mientras, observa el espacio sideral desde su asiento. La nave se queda sin oxígeno, apenas le quedan un par de minutos para ponerse su traje espacial con el que aún podrá respirar una hora más …y luego el final. La suerte está echada y no hay margen para los milagros. El comandante lo sabe y lo asume; incluso ya sabe cómo afrontar estos últimos minutos de vida.
Antes de que se acabe el aire de la cabina interior ya se ha puesto la escafandra. A continuación se dirige a la puerta de la nave, la abre …………….. y se lanza al espacio exterior.
Ojalá pudiera saber qué es lo que el Comandante Tom siente en ese momento de auténtica libertad, desplazándose al libre albedrío por el espacio sideral, en comunión con el Universo.
¿Observará los planetas, soles y galaxias tal y como se ve en las películas? ¿ o acaso allí fuera sólo hay oscuridad como en las profundides abisales de los océanos?
¿Sentirá vertigo o, por el contrario, flotará sin sentirse por encima de nada porque en el espacio no existen los conceptos de arriba y abajo?
¿Sentirá que realmente existe un Dios creador, o quizás que somos un accidente infinitesimal de la expansión del universo, sin ningún objetivo, sin ninguna finalidad por sí mismo, excepto la de sobrevivir?
¿Y qué sentirá cuando se le acabe el oxígeno?, ¿acaso tendrá una muerte dulce?, ¿o quizás sufra una muerte lenta y angustiosa buscando el oxígeno desaparecido de su escafandra?
¿Y qué será de su cuerpo? ¿se pudrirá y se convertirá en polvo en el espacio tal y como lo haría en la tierra? ¿o por lo contrario se convertirá en otro satélite incorrupto en rotación alrededor de la tierra?
Como en cámara lenta, el comandante se va alejando poco a poco de su nave; pronto le serán desveladas todas estas incógnitas…mientras tanto disfrutará de su último viaje, el mejor de todos.

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