diumenge, 27 de juny de 2010

El abrazo

El caballo relinchó cuando sintió el fuerte tirón de bridas, frenando bruscamente su veloz galope. El jinete saltó de su montura y se dirigió hacia la puerta de aquella cabaña. Por una de las ventanas se filtraba una tenue luz, por lo que el jinete sintió un pequeño alivio ante la esperanza de encontrar a la mujer, el motivo de su carrera a galope tendido.
El hombre subió de un salto los cuatro escalones hasta la puerta, agarró el picaporte y lo golpeó con fuerza.

- ¡Abre mujer!

Esperó un momento, y ante la ausencia de señales de movimiento en el interior de la vivienda, volvió a golpear el picaporte con fuerza.

- ¡Por el amor de Dios!, ¡Abre!

Ahora sí que pudo escuchar unos pasos que se acercaban sin prisa.

- ¿Quién es a estas horas?
- Soy el párroco del pueblo. Necesito tu ayuda.

La puerta se abrió de inmediato. Ante el párroco se fue mostrando poco a poco la figura de aquella mujer tan bella y tan extraña.

- ¿Qué desea de mí el señor cura? ¿Quizás está buscando un poco de calor?
- No digas sandeces y escúchame – replicó el párroco muy serio -. Mi madre está muy enferma, el doctor ya no sabe qué más hacer para intentar frenar su muerte. Por eso acudo a ti, desesperado.
- ¿Qué le pasa?
- Tiene una fiebre muy alta y no para de delirar. Lleva dos días sin comer nada y sufre unas diarreas muy fuertes.
- Espéreme un momento fuera que voy a coger todo lo que necesito.

El párroco obedeció pacientemente mientras observaba a la mujer ir de un lado a otro buscando esto o aquello. Por un momento, el siervo del señor, se imaginó a aquella mujer desnuda, yaciendo con él, los dos entrelazados, y rápidamente intentó rechazar las tentaciones del maligno fuera de su mente. No era el momento para una batalla espiritual, estaba en juego la vida de su amada madre, la mujer que realmente le importaba en este mundo pues a éste le había traído hace treinta años y hasta ese momento había cuidado de él de forma ejemplar. De todos modos, el párroco no pudo dejar de pensar en aquella mujer…
Se llamaba Judith, aunque en el pueblo todos la conocían como la bruja. Vivía lo suficientemente lejos del pueblo para que los que la odiaban la dejaran tranquila, y lo suficientemente cerca para que aquellos que la desearan pudieran llegar a ella y pagar por sus favores sexuales. Gracias a la venta de su cuerpo, y también a la venta de sus recetas, la mujer podía subsistir sin problemas, aunque sin muchos lujos, tampoco los necesitaba y la ostentación seguramente le hubiese acortado la vida. Nada perjudica más la salud que la envidia de los demás, puede llevarte a la hoguera.
No, Judith lo único que buscaba era ser libre, no ser la mujer de nadie y a su vez ser la de todos los que le apeteciera, o la de aquellos que pagaran bien. El cura poco sabía de todo esto, él tan sólo conocía las habladurías de las mujeres envidiosas que veían como sus maridos eran embrujados por aquella hechicera y desaparecían durante unas horas para volver directamente a sus lechos sin decir ni pío. Pero a parte de las habladurías, el párroco sentía una atracción especial por aquella mujer. Ambos habían coincidido en la escuela del pueblo de pequeños, sólo que ella tan sólo había asistido a clase un par de años. Recuerda como ya de pequeño se sentía maravillado por aquellos ojos verdes, y también por aquella rebeldía pura. A Judith siempre la echaban de clase por llevarle la contraria al maestro, mientras que él era el alumno más aventajado, predispuesto para llegar a ser algún día el párroco del pueblo. Con el tiempo, ella dejó de ir a clase para quedarse a ayudar a su madre, viuda desde que Judith era un bebé. De su madre ya se decía que era una bruja, y algunos habían llegado a acusarla del asesinato de su marido, que le pegaba cada vez que se emborrachaba, es decir, prácticamente cada día. Lo único que salvó a la madre de Judith de la hoguera fue que el alcalde del pueblo era su amante, y estaba tan enamorado de ella que evitó el linchamiento arriesgando su propia vida. Judith heredó la belleza salvaje de su madre, algunos incluso pretendían ver la mano de Satán en la similitud existente entre madre e hija. Judith aprendió todo lo que sabía de su madre, que le enseñó a no fiarse de nadie, y menos todavía de aquellos que estaban más en deuda con ellas, esos eran los peores, ya que la mayoría de ellos se sentían comprometidos por dichos favores, y eso les incomodaba mucho.
Judith había crecido y se había convertido en un ángel de belleza endemoniada, con un cuerpo hecho para el pecado, y una personalidad digna del mismísimo Luzbel, el ángel que osó enfrentarse a Dios. Aunque vivía sola, nunca un hombre intentó poseerla contra su voluntad. Todos temían sus maldiciones, y además, si pagaban ella no ponía ningún problema, por muy desagraciado que fuese el postor.
A parte de las chismosas del pueblo, el peor enemigo de Judith era justamente el párroco del pueblo, el que ahora venía a buscar su ayuda. Él tenía, más o menos, la edad de Judith, ambos rondaban la treintena. Era el cerebro más privilegiado en aquel pueblo de ignorantes supersticiosos. A pesar de su inteligencia, aquejaba de un defecto importante: él mismo provenía de una familia de ignorantes supersticiosos, por lo que había heredado esa intolerancia irracional a todo aquello que se escapase del camino cristiano.
Pero Judith sabía que aquel párroco la amaba tanto como la odiaba, lo veía en sus ojos, ora ardientes de ira, ora brillantes de pasión. Y Judith también sentía algo especial hacia aquel hombre que nunca sería suyo, pues pertenecía a aquel Dios cruel y vengativo.
Cuando la mujer acabó de recoger sus medicinas, se dirigió a la puerta:

- Me tiene que llevar en su caballo. Yo no tengo.
- Está bien.

Ambos subieron al caballo del cura. Éste espoleó a su montura que rápidamente se puso al galope. La chica se aferró con fuerza a la cintura del hombre, mientras apoyaba su cabeza contra la espalda de éste. El cura no pudo evitar sentir una oleada de excitación, que intentó vencer jaleando a su corcel con energía. Cuando llegaron a la entrada del pueblo, el párroco bajó la marcha del caballo, evitando llamar la atención de los vecinos. No quería que nadie se enterara que la bruja había entrado en su casa. Llegaron a la casa y él ayudó a ella a bajar de la montura. Ambos vivieron otro momento de tensión cuando él la cogió firmemente con ambos brazos. Sentir bajo sus manos aquella cintura tan sensual le provocó una excitación involuntaria y una gran vergüenza, se ruborizó; Judith se dio cuenta pero no dijo nada, no le gustaba jugar con los sentimientos interiores de aquel hombre.
Entraron en la casa y fueron directos a la habitación de la mujer, la que normalmente queda para la ama de llaves. Ninguna mujer podía cuidar mejor del cura que su propia madre, al menos esto era lo que ella pensaba, así que el mismo día que su hijo se convirtió en el párroco del pueblo, ambos se mudaron a la casa del difunto cura. La anterior ama de llaves, se volvió a su antigua casa, con la herencia del viejo, y no tardó en formar una familia aunque ya estaba en edad de vestir santos.
La habitación olía a enfermedad. Judith se dirigió sin decir nada hacia la mujer agonizante. Le tomó el pulso de su muñeca, y luego le puso el reverso de su mano sobre la frente para comprobar la temperatura. Tenía un pulso muy débil y le ardía la frente.

- ¿Tienen bañera?
- Sí
- Ayúdeme a llevar a su madre a la bañera, vamos a bajarle la fiebre con agua fría. Usted se quedará junto a su madre, y yo iré a la cocina a hacerle una infusión con mis hierbas. Si quiere puede rezar, su Dios no ayudará mucho pero tampoco creo que moleste.
- Aunque tú no lo creas, el señor está en esta casa. Él decidirá si mi madre se queda conmigo o, por el contrario, ha llegado el momento de que ella vaya junto a Él.
- Entonces no sé para qué me ha ido a buscar – tal como decía estas palabras, Judith ya se estaba arrepintiendo de ellas, no era su intención herir a aquel hombre con sus sarcasmos.

El cura calló mientras echaba una mirada de resignación a la chica.
Entre ambos asieron a la enferma y la llevaron en volandas a la bañera. La anciana era más ligera que una pluma, consumida por la enfermedad. Ni siquiera se quejó del agua fría con la que llenaron la bañera.
Judith dejó al párroco con su madre y se fue a la cocina a hervir agua para hacer la infusión de hierbas. Era la única en el pueblo que conocía todos los ingredientes de dicha infusión, cuya receta había pasado de generación en generación entre las mujeres de su familia, hasta llegar a ella. Cuando volvió a la habitación con la infusión, encontró al hombre sentado junto a la madre, aferrando con una mano un rosario, y, con la otra, la arrugada mano izquierda de la enferma.

- Incorpórela. Tenemos que conseguir que beba esta infusión poco a poco.
- ¿No estará muy caliente?
- Se debe tomar así.

En su estado de semi-inconsciencia fue tarea difícil darle de beber la infusión, pero lo lograron. Ya sólo quedaba esperar. La bruja y el cura se fueron a esperar junto al hogar de la casa. El fuego crepitaba alegremente, y los dos se quedaron hipnotizados mirando las llamas.

- ¿Has hecho alguna vez un aquelarre? – preguntó repentinamente el párroco.

Ella lo miró sorprendido. Nunca hubiera pensado que aquel hombre fuera suficientemente valiente para hacer una pregunta tan directa e impertinente.

- Sí, lo he hecho.
- ¿Y has yacido con el Maligno?

Judith volvió a mirar al cura, esta vez con cara de ofendida.

- Pero bueno, ¿qué cree que se hace en un aquelarre?
- Bueno, de todos es sabido que es una ceremonia en la que invocáis a Satán y todas las brujas congregadas realizan una orgía con él.
- ¿Y quién le ha contado semejante barbaridad?
- ¿No es verdad?
- ¡Claro que no!. De acuerdo que un aquelarre es una ceremonia pagana, pero no invocamos ningún ente maligno. Es un acto de unión con la naturaleza, a la que nosotros consideramos nuestra verdadera diosa.
- Pero sólo hay un único Dios, el creador de la naturaleza y de nosotros mismos. Vuestra ceremonia es un acto blasfemo, lo mires como lo mires.
- ¿Por qué su religión es tan intolerante? ¿Por qué no pueden respetar las creencias de los demás? Yo no creo en su Dios, y sin embargo no por ello le deseo mal alguno.
- ¿Cómo no puedes creer en el Dios verdadero? No entiendo como una mujer tan inteligente como tú se puede haber convertido en una apóstata que reniega de Dios. Nuestro deber es mostrar el camino a las ovejas descarriadas como tú. El camino de la fe, las enseñanzas de las Santas Escrituras.
- Vuestras Santas Escrituras no son más que cuentos creados para subyugar la voluntad del populacho. Sin embargo yo sí creo en algo palpable, creo en la tierra, en las montañas, en los bosques, en el cielo, en el sol y en la luna, en la lluvia y el fuego. Creo en la fertilidad que produce la vida, y en el amor que mueve el mundo.
- Dios es amor.
- Y Dios también es odio y venganza. Vuestro Dios está hecho a imagen y semejanza del hombre….

El cura desató su ira con una bofetada sobre la cara de la mujer.

- ¡Calla ya, maldita bruja!

El grito histérico del párroco hubiera podido ser oído fuera de la casa pero, por suerte, no había vecinos cerca, a excepción de los que dormían en el camposanto. La mujer calló y miró desafiante a los ojos del cura, que no pudo más que bajar la mirada lleno de vergüenza. Hubiera deseado poder pedir perdón. Hubiera deseado no haber hecho lo que había hecho, pero hecho estaba. El párroco esperó que en cualquier momento ella se levantara y marchase, pero Judith se quedó allí.

- ¿Quieres saber lo que hacemos en los aquelarres?

El cura advirtió que Judith le estaba tuteando, y contestó alzando levemente la mirada en dirección a ella, pero sin decir nada.

- Nos juntamos las curanderas de una zona, que nos conocemos de toda la vida. Nosotras preferimos llamarnos curanderas, aunque vosotros nos llamáis brujas. No adoramos a ningún diablo ni tonterías por el estilo. Pero sí es verdad que nos juntamos una vez al año, la noche del solsticio de verano, para rendir culto a la madre naturaleza tal como hacían nuestros ancestros. Comemos hongos que nos producen alucinaciones y bailamos en estado de trance alrededor del fuego hasta caer extenuadas. Esta tradición ya era vieja cuando aún no se había escrito ni un solo reglón de vuestras Sagradas Escrituras. Tampoco buscamos la perdición de la gente, al contrario, ayudamos cuando alguien nos lo pide, sin tener en cuenta su condición, ni tan solo si se trata de alguien que nos querría ver ardiendo bajo un fuego de purificación. ¿Me crees o prefieres seguir juzgándome por las patrañas que lanzan las lenguas viperinas?
- ¿Y por qué hechizas a los hombres para que eviten a sus mujeres?
- ¡Yo no hechizo a nadie!. Vienen ellos a su voluntad. Es una cuestión de supervivencia. Si me prostituyo consigo ganar aliados que me prefieren viva, y además me pagan, y eso me da de comer. No sólo de hechizos vive una bruja.

El cura, ahora sí, miró a los ojos de Judith. Ella mostraba una sonrisa sarcástica que él no supo cómo interpretar.

- No te confundas cura, no he olvidado tu golpe, aunque lo perdono, tal como hacía tu mesías, perdonar, ¿te acuerdas?. Sólo que él ponía la otra mejilla, y yo eso nunca lo haré. La próxima vez que me pegues te mataré, tenlo por seguro. Ni siquiera tu Dios te salvaría.
- ¿Por qué me has explicado todo esto?
- Eres la única persona en este maldito pueblo que tiene inteligencia suficiente para entenderme. Además, eres la única persona que necesito que me entienda, la única que respeto de verdad, aunque a veces te comportes como un auténtico cabrito.

Ambos quedaron de nuevo en silencio, hasta que Judith habló de nuevo, esta vez en un tono más suave, casi maternal.

- ¿Te acuerdas de la última vez que alguien te dió un abrazo?

El cura se quedó sorprendido ante esa pregunta. En un principio le pareció algo absurdo, pero no tardó en darse cuenta que no recordaba si alguna vez había abrazado a alguien.

- ¿A dónde quieres ir a parar?
- Responde, cura.
- No me acuerdo. De todos modos estoy seguro que alguna vez habré abrazado algún feligrés que necesitase de consuelo.
- ¿Seguro?
- Bueno, no, no lo sé.
- ¿Y te acuerdas del último abrazo con tu madre?
- No.
- Déjame abrazarte.
- No puedo dejarte - el cura sintió pánico a que la bruja lo hechizara.
- Me debes un favor, y no quiero tu dinero, quiero darte un abrazo. Ten por seguro que no intentaré hechizarte para fornicar contigo.
- Sólo un abrazo.
- Uno sólo.

Ambos se levantaron y Judith, lentamente, rodeó con sus brazos al párroco. Si algún vecino hubiese visto la escena, al día siguiente Judith habría ardido en la hoguera, pero no había nadie excepto ellos dos.
Judith rodeó con sus brazos al párroco y lo apretó fuertemente contra su cuerpo. Al momento, él sintió que una gran tensión se liberaba de su cuerpo, como absorbida por el cuerpo de Judith. La sensación de alivio era tan grande que el cura se sorprendió llorando desconsoladamente mientras todo su cuerpo temblaba. Ninguno de los dos hubiera podido decir cuánto tiempo permanecieron abrazados; en un determinado momento, el cura dejó de llorar, su cuerpo dejó de temblar encontrando una paz que jamás había conocido, y hombre y mujer se separaron.
Sólo había sido un abrazo, uno sólo, pero había bastado para cambiar por siempre algo en lo más profundo del corazón del cura. Entonces Judith habló.

- Ahora tú seguirás tu camino y yo el mío, es lo que el destino nos ha marcado.
- ¿Por qué me has ayudado?
- Porque algún día tú podrás devolverme el favor; en ese momento deberás decidir si arriesgar tu vida por salvar la mía, o mirar hacia otro lado mientras el populacho me lincha en el nombre de tu Dios. Puedes dar por hecho que ese día llegará, más pronto que tarde.

El párroco notó como de nuevo su rostro se llenaba de lágrimas. De algún modo sabía que cuando ese momento llegase él no estaría a la altura, no se atrevería a defender a la bruja de la ira de los ignorantes...aunque quizás habría una remota oportunidad para que él se rebelase contra su naturaleza. A veces los caminos del señor son misteriosos.
Una voz surgió desde la habitación donde reposaba la madre del párroco.

- Hijo mío, ¿estás ahí?
- Judith miró con sus bellos ojos verdes a los ojos del párroco, llevándose un dedo índice a los labios, mientras silenciosamente se marchaba de la casa.
- Ya voy, madre. ¿Cómo te encuentras?
- Mucho mejor, gracias a Dios. Creí que había llegado mi hora, pero al final el Señor escogió que me quedara para cuidarte un poco más.

El cura pensó que, efectivamente, el Señor lo había querido así, pero también podía ser que al Señor le diese completamente igual. Rápidamente borró ese pensamiento de la cabeza y fue raudo a la habitación de su madre.

Judith salió de la casa justo en el momento en que despuntaba el alba. El sol le daba los buenos días. Tomó una buena bocanada de aire fresco que fue liberando poco a poco para relajarse. Había estado a punto de cometer un error muy grave, pero consiguió ser suficientemente fuerte como para evitarlo a tiempo, no debía enamorarse de nadie, y menos de un cura. Con esos pensamientos se puso en marcha de vuelta a su casa. Tenía un largo camino a pie por delante.

dilluns, 21 de juny de 2010

Manute Bol

Català Español  
Benviguts al pabelló de bàsquet més gran del món: El Pabelló de la Vida. Avui tenim un matx d’alçada, ni més ni menys que el gegant Manute Bol contra l’equip local, Els Destiny Guardians, els guardians del Destí, que presenten el seu cinc titular habitual:
Joventut, Esperança, Fortuna, Éxit i Felicitat.
Comencen atacant els locals. Joventut intenta una jugada individual, llença a cistella, la pilota no entra i el rebot s’ho porta l’aranya negra, surtint des del seu camp, el seu Sudan natal, botant la pilota amb la seva figura desgarvada, arriba fins a la cistella contrària i esmatxa l’anella devant de l’Esperança!!!! Impressionant!!
Un altre cop l’equip del Destí juga la pilota, Joventut ha après de la jugada anterior i no se la juga, li fa una passada a la Fortuna, que sota cistella s’aixeca, llença…i rep un tap impressionant de Manute, que un altre cop corre al contraatac fent tremolar el parqué. L’Éxit intenta aturar-ho, es posa devant seu intentant forçar la personal en atac, però Manute s’atura abans a la línia de tres i llença. Com pot ser que un pívot de dos metres trenta i un centímetros llenci triples amb aquesta facilitat???? Tres punts més. Manute Bol està arrassant al destí!!!
Atenció, temps mort demanat pels locals i canvi múltiple. Entren quatre suplents: Malaltia, Fracàs, Oblit i Mort. Del cinc titular només resta Felicitat.
Acaba el temps mort i treu de fons l’equip local. Atenció!, el Manute li roba la cartera a la Felicitat, tallant la pasada que estava fent, corre cap a cistella, va a esmatxar un altre cop i….Déu meu!!!, quina personal li ha fet la Malaltia, li ha destroçat les articulacions amb una artrosis descomunal. L’arbitre no ha xiulat res, la pilota li ha arribat a Fracàs que s’ha cascat un triple fácil, completamente lliure de marca. El Manute amb prou feines pot continuar jugant. Bota la bimba però abans d’arribar al mig camp li roba la pilota l’oblit, que estava fent-li al Manute una defensa molt agressiva a l’home; Manute no pot més que fer-li una personal antiesportiva quan el seu contrincant ja s’escapava sol cap a cistella. L’Oblit empata el partit amb els seus dos tirs lliures. Treu de banda l’equip local, li arriba la pilota a La Mort, que li fa una finta al Manute i acaba esmatxant devant del gegant sudanés, al que remata amb un cop de colze directe al fetge, en el moment que finalitza aquest partit tan extrany. L’equip dels Guardians del Destí ha derrotat al gran Manute Bol, que ha quedat estirat al terra, sota la seva cistella. La pilota encara està botant al seu costat, poc a poc el bot es va afeblint, fins aturar-se del tot. La cantxa s’ha quedat en un silenci sepulcral. Els llums s’han apagat i només queda la figura del Manute Bol mort a un costat del camp. És una llàstima, un altre jugador que ha caigut devant del destí. Mai oblidarem al gran Manute Bol, el gegant de l’etern somriure, amb un cor tan gran com les seves sabatilles, el que va matar a un lleó amb les seves mans, el que va arribar de l’àfrica per a alçar-se fins els sostres de les millors cantxes de bàsquet del món, el que va pedre les dents a l’intentar la seva primera esmatxada, el que va conèixer l’exit durant deu anys, fins que les malalties van esmicolar-li la vida, fins que els seus assesors econòmics el van enviar a la bancarrota, i fins que el seu fetge va dir prou.
Adéu Manute Bol, que tinguis molta sort en el següent partit, allà on el juguis.

diumenge, 13 de juny de 2010

El escudero rebelde

- ¡Abre la puerta, Sancho!

Silencio

- ¡Vive Dios que abrirás esta maldita puerta, por las buenas o por las bravas! ¡Sé que estás ahí dentro!

Los goznes de la puerta crujieron de repente. Poco a poco, la abundante figura del escudero se fue mostrando a la vista de su señor, mientras la puerta se iba abriendo paulatinamente.

- ¡Mi buen Sancho!, ¡por fin has entrado en razón!, ¡ya era hora que rectificaras tu actitud!
- Perdóneme vuestra merced, pero esta vez no voy a ir a ningún lado, que yo me quedo aquí.
- ¡No seas tozudo, Sancho!, ¿por qué te empeñas en continuar con esta pantomima?, ambos sabemos que no puedo combatir el enemigo sin tu ayuda.
- Ya no habrán más enemigos, al menos por mi parte. Y le recomiendo a vuestra merced que recapacite y tenga a bien sentar la cabeza de una vez, antes de que se la crujan, que ambos tenemos ya una edad y no estamos para batallas con gigantes ni galanteos con bellas doncellas. Os ruego me dejéis descansar de tanta aventura, para al fin poder dormir más allá del alba sin tener que levantarme de buena noche para cumplir con sus propósitos, que si bien son altruistas no dejan de ser sus propósitos, que no los míos.
- ¿Y se puede saber cuáles son tus propósitos, mentecato? ¿ya no sueñas con aquella ínsula que tanto anhelabas gobernar?
- No tengo más propósitos que gobernar a mi familia, vivir las aventuras que me depare el arduo trabajo en el campo y disfrutar de los placeres de un buen llantar antes de irme a dormir y pasar toda la noche roncando a pierna suelta, a sabiendas que nadie va a venir a despabilarme en mitad de un agradable sueño para ir a combatir poderosos y malignos rivales antes de que despunte el alba.
- ¡Pero no puedes hacerme esto, mi buen Sancho!, ¿dónde quedan todas esas aventuras que compartimos?, ¿acaso te arrepientes de las experiencias que vivimos juntos?
- No os lo toméis a mal, pero fue una etapa de mi vida, con sus buenos y malos momentos, y ahora me apetecería poder vivir una nueva etapa más tranquila. Estoy harto de tanto combatir.
- ¿Y qué haré yo ahora, eh?
- Puede buscarse a otro Sancho.
- Ninguno será tan apto como tú.
- Vuestra merced quiere decir realmente que no encontrará a ninguno más tonto que yo, capaz de acompañarle al fin del mundo sin rechistar.
- No seas tan cruel, Sancho.
- No más de lo que ya fuera vuestra merced.
- Parece ser que ha llegado el final, entonces.
- Ya era hora que vuestra merced lo aceptara.
- Adiós, mi buen Sancho.
- Adiós, mi querido Alonso.

Sancho se quedó en la puerta viendo partir al que había sido su señor, arrastrando los pies, la cabeza baja. Un sentimiento de culpabilidad le invadió observando la triste figura del caballero.

diumenge, 6 de juny de 2010

A otro lado

Por Toni

...Por esa misma razón, para ponerme a salvo del infinito, no guardo ni tampoco defiendo ninguna fotografía tuya. Hubiese sido un signo definitorio y definitivamente revelador, mortal y complejo para los recuerdos. Todo lo que necesito de ti lo llevo puesto, y dejo que la inflexibilidad del tiempo lo engulla igual que lo haría con una chaqueta de pana olvidada en el tronco de un árbol por un agricultor, que hace ya décadas sucumbió, mucho antes que su chaqueta, a la tozudez del tiempo.
Por ello quiero que tu recuerdo sea como viajar a un lugar desconocido. Como abrir la puerta que nunca me atreví a cruzar pero cuya llave he custodiado durante una eternidad con un recelo cegador que sucumbía mansamente al miedo que tenía a perderte.
Quiero que tu recuerdo rejuvenezca cada vez que lo añoro y que se regenere cada vez que traspase el umbral del ayer.
Por un instante vuelvo a pensar en el infinito como una solución viciosa y anfetamínica. Como una corrosiva y babosa consagración de la idiotez. De pronto vuelvo a estar seguro de todo, y me repito una y otra vez que el mundo no necesita fotografías sino recuerdos vivos. Lo que necesitamos es asustarnos, cuando, de pronto, al doblar la esquina nos encontramos contigo o más bien con el holograma que nosotros mismos creamos y acicalamos a nuestra imagen y semejanza. Justo en ese mismo instante desaparecemos dejando como rastro solamente nuestro olor. Insisto, no necesito almacenar fotografías tuyas para poder fijar y canonizar el hecho inevitable de que te hayas ido. Si de todo ese dolor queremos crear un fantasma, allá nosotros, somos completamente libres de hacerlo. Pero, ¡cuidado! Él no nos solucionará el problema. Él es sólo una presencia que nos acompaña porque queremos que así sea, no por ninguna otra razón.

dissabte, 5 de juny de 2010

Despertar


Al alba
se levantan tus divinos párpados
y dos hermosos soles verdes
iluminan mis facciones humanas.
Su belleza me deslumbra y me extasia
mientras percibo el calor de la mañana
que depositas sobre mis aún frescos labios;
tu cálido aliento pone mi corazón en marcha.
He vuelto a la vida
después de un profundo sueño,
acunado por la calma y los arrullos
de tu respiración y tus latidos,
y he descubierto, junto a mi costado,
toda la belleza del Universo
concentrada en tu dulce rostro
y todo el amor universal
en tus manos y en tus labios.
Soy un hombre afortunado:
esta mañana al despertar
tú estabas justo a mi lado
habiendo mil lugares donde estar.

divendres, 4 de juny de 2010

Sigo viva

Por Febe

Me di la vuelta, me disponía a volver a entrar en casa cuando oí la voz, esa voz que no tenía rostro, esa voz que me hizo temblar y agudizar la mía; te llamé, no hubo contestación; sentí el viento en mi cara, en mi pelo, no era el aire, era tu aliento; volví a oírte, tus palabras me decían “camina hacia adelante, no mires atrás”; ahí reaccioné, me sentí viva; eso es lo que querías decirme, yo sigo viva y necesito vivir, aunque nunca me despegaré de tu recuerdo. Ahora vuelvo a sentir el aire, el Sol, pues sé que estás bien y que me deseas lo mejor.

Seguiré adelante sin mirar atrás, pero siempre estarás en mi corazón, en mi alma, en mi piel, en mi vida.

dijous, 3 de juny de 2010

El mejor momento del día

Por Peibol

Llegó la hora. Otro día más de trabajo desagradecido y poco enriquecedor. Bueno, ya pasó, un día más …Ctrl+Alt+Supr y apago la pantalla del ordenador. Mañana será otro día….
Salgo de la oficina con paso rápido, pensando en el periplo diario que me toca padecer cada día hasta conseguir llegar a casa, una hora y pico de viaje. Primero el metro y después el tren.
Accedo al anden de la línea L1 del metro pensando en cómo vendrá hoy de lleno el vagón … Lo sabía, ¡¡ hasta la bandera !! Entro con no pocas dificultades por la penúltima puerta. Hay muchísima gente, tanta que no encuentro donde agarrarme, y para colmo el aire acondicionado no funciona.
El que está delante de mí me está metiendo su bolsa “Quechua” en la boca … Y encima ni se inmuta. Me molesta, me irrita … estoy por decirle algo del estilo : “Oye, me estás molestando con tu mochilón”. Pero, me callo y no digo nada.
Ya estoy llegando a mi estación de destino. Me preparo estratégicamente para salir, colocándome al lado de la puerta como puedo y con acceso directo al pulsador de apertura de la misma. Tengo que salir embalado, el tren se va y no espera. Pam, se abre la puerta, carrera, slalom por las escaleras esquivando gente y barandillas hasta llegar por fin a la estación del tren.
Tengo suerte – pienso – tan pronto piso el andén llega un convoy de 6 vagones. Corro para subir por la puerta que me interesa, que casi siempre es la misma, en cabeza. Mi suerte es efímera, el tren va aún más lleno que el metro y me toca ir de pie durante casi 40 minutos. Me agobio, me cabreo, me … ¡no tengo palabras!.
Estoy frente a la puerta de mi casa. Introduzco la llave en la cerradura y la giro dos vueltas a la derecha. Ya estoy dentro: “ ¿Quién ha llegado? “ – pregunto en voz alta.
Se oyen unos pasitos correteando desde el fondo del piso, que se acercan rápidamente …. La expresión de mi cara cambia y sonrío viendo como se aproxima poco a poco hacia mí.
Me agacho y unos bracitos pequeñitos se agarran con cariño a mi cuello.

- ¡¡Papi , te quiero!!. 

Ya estoy deseando que llegue mañana para vivir de nuevo este momento …

dimarts, 1 de juny de 2010

Despertares


Un pequeño llanto me arranca del sueño en el que estaba inmersa. Algo despistada y todavía adormecida busco en la cama a mi pequeño. Conseguimos sintonizarnos, nos juntamos, lo aprieto contra mí, él se coloca a la altura de mi pecho y empieza a mamar.

La luz de la mañana se cuela por los huecos que deja una persiana mal bajada que nos permite ir deslumbrando los objetos de la habitación. Nos vamos despertando. Le acaricio el pelo y él me lo agradece acariciándome el pecho. Nos achuchamos.

Me siento relajada, los parpados se cierran pesados, creo que vuelvo a soñar. Mi pequeño suelta la teta, se remueve, se incorpora y acerca su cara a la mía. Siento su respiración. Abro los ojos y ahí esta, sonriente, impaciente por empezar el nuevo día. Trepa encima de mí, y señalando con su dedo índice hacia la puerta dice “Allí”. Me doy cuenta de que no se trata de un día normal, sino de una aventura, de aprender nuevas cosas, de superar nuevos retos, de ver, sentir y hacer algo por primera vez. Ávido de vida, insiste en que lo levante de la cama y lo saque de la habitación. Ese soplo de vida me anima de golpe y me levanto de la cama, lo cojo en brazos y mientras subo la persiana le doy los buenos días, llenándole de besos y arrumacos.

Ya estamos armados para vivir la aventura que nos depara el nuevo día.

Sentiments contradictoris!!

Per M.TeReSa

Una tarda de diumenge, el sol va de baixa, obro l’ordinador i em poso a repassar, recorro les pagines web, tot buscant informacions noves, repasso els blogs buscant imatges que m’omplin els sentits, tot d’una em trobo davant d’un escrit, petit, reduït, tot ple de paraules sinuoses, plenes de sentit, de sensacions passades, presents i futures, m’embriaguen aquelles petites lletres i em deixo dur, quan acabo de llegir no puc menys que escriure- hi la meva opinió, m’agrada i així ho faig saber, mes, quina es la meva sorpresa al rebre resposta i es que, qui jo havia felicitat no era l’autor d’aquelles paraules que m’havien transportat.
Passo del èxtasis al desconsol, de la imaginació a la realitat tot d’una soc a un remolí de sensacions contradictòries i em dic.... tranqui-la, errar es humà, i qui no s’equivoca no millora....... no em tornarà a passar !!!!!

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