dilluns, 29 de març de 2010

RAGNAROK (2 de 2)

leer primera parte

Aquella mañana almorzamos con ellas, y cuando íbamos a marcharnos nos detuvieron.
- No podéis marcharos todavía, aún podemos disfrutar mucho más. –dijo Ilda
- No nos malinterpretéis, ha sido una noche genial, pero es que debemos irnos, tenemos otra vida ahí fuera y es hora de volver a recuperarla. – Dijo David
- Tú puedes marcharte, si quieres, pero él no – dijo Ilda señalándome a mí.
Yo me quedé estupefacto. ¿Qué estaba pasando?
- Yo no me quedo aquí solo, David. Yo me voy contigo. – comenzaba a estar asustado.
- ¿Pero no te lo pasaste bien esta noche? – me preguntó Mette.
- Claro que sí, creo que nunca lo había pasado tan bien. Pero ahora estáis hablando de secuestrarme.
- Lo hacemos por tu bien – dijo Ilda
- ¿Por mi bien?
- Corres peligro. Te estamos protegiendo.
- ¿Protegiendo…de quién?
- De Loki.
- ¿Loki? ¿quién coño es Loki? – intervino David.
Las valkirias entonces nos explicaron, ante nuestra incredulidad, todos los detalles sobre el Ragnarök. Loki se había escapado de su castigo eterno, y planeaba invadir Aesgaard, la tierra de los dioses nórdicos, con una tropa de espíritus infernales y de gigantes de hielo. Su primer objetivo era entrar en Hel, el infierno, y reunir su tropa de espíritus del averno. Si lo conseguía, se produciría el Ragnarök, lo que nosotros llamamos Apocalipsis, y el mundo, tal como lo conocemos, sería destruido. Dioses, gigantes y humanos serían exterminados, una nueva era universal comenzaría de cero.
David y yo nos miramos con la boca abierta, estábamos alucinados.
- ¿Y qué tengo yo que ver con Loki? – pregunté
- Tú eres uno de los descendientes de Erik el Rojo, y por lo tanto es posible que seas la puerta al inframundo. En ese caso, si Loki te arrancara el corazón y se lo comiera, podría entrar en Hel y volver a la tierra con los espíritus del fuego.
- ¿mi..mi..mi corazón?
- Bueno, sí, tu corazón…y tus ojos. Con los que podrá guiarse por el inframundo.
- ¿y mis..mis..ojos?
- Sí, y quizás necesite tus manos y tus pies, eso ya no lo sabemos.
Entonces, David me cogió de la camisa y me llevó a una de las habitaciones. Cerró la puerta y se giró a hablarme:
- ¡Tú no hagas ni caso!  Estas tías están muy buenas pero también están locas de atar. Tenemos que largarnos cuanto antes…¿no te habrás creído esas gilipolleces?
- Bueno, no sé, quizás un poco. La verdad es que estoy algo acojonado. ¿Has oído que alguien me quiere arrancar los ojos y el corazón, y quizás las manos y los pies?
- Sí, claro, Loki, el dios del mal, ¡no te jode!  Pero tranquilo que Thor vendrá y te protegerá con su martillo Mjölnir.
- ¿Thor?
- Pero bueno, ¿tú nunca leíste los cómics de los Vengadores?
- No, pero conozco a Spiderman y a Hulk.
David suspiró.
- ¡Anda!, ¡larguémonos!
Ambos amigos salieron de la habitación y se dirigieron sin mediar palabra hacia la puerta de la casa, pero cuando la fueron a abrir, ésta se encontraba cerrada con llave. Las chicas habían desaparecido.
- ¡Dejadnos salir! – exigió David.
De pronto, las tres chicas aparecieron por una de las puertas, esta vez iban vestidas con ropas guerreras y con cascos. Llevaban unas espadas impresionantes envainadas sobre los cinturones.
- No – dijo Ilda, con una voz que no dejaba lugar a la discusión.
- Está bien, David, yo me quedo. Dejad marchar a mi amigo – decidí negociar.
-¡Muy bien!, tu amigo se puede marchar, él no es importante. Tú tienes que seguir con nosotras hasta que descubramos a Loki. Si lo prefieres pensar así, eres nuestro cebo. En algún momento él tendrá que venir a por ti, y entonces nosotras lo detendremos. – explicó Ilda
- La verdad es que no me apasiona mucho la idea de ser un cebo.
Me despedí de David, él me abrazó y me susurró al oído:
- No te preocupes, me voy directo a la primera comisaría de policía que encuentre.
- De acuerdo, a ver si puedo llegar a cenar en casa, y a estas tías las encierran en un manicomio.
Las danesas abrieron la puerta y dejaron marchar a David. Allí me quedé yo, sólo, en el centro de la sala de estar, mientras las guerreras me miraban fijamente, de pie, con sus hermosas piernas flexionadas en posición de tensión, como si esperaran un ataque en cualquier momento. No entendía nada, ellas seguían en silencio, hasta que un par de minutos más tarde, el timbre de la casa sonó. ¿Quién sería? Anne abrió, era David, que había vuelto…pero había algo extraño en él.
- Me he dejado el móvil. Dejadme entrar. – dijo, con una voz neutra, mientras nos miraba a los cuatro, uno por uno, como si estuviera estudiando la situación. Adelantó un paso, decidido, aunque Anne, le interceptaba el camino con pose desafiante.
- ¿Dónde crees que vas? – dijo ella – Ya voy yo a buscártelo pero tú no vas a entrar. ¿Dónde lo dejaste?
- David, miró hacia el techo, parecía que estuviera intentando recordar dónde había dejado el móvil.
- No lo sé, no me acuerdo, déjame que entre a ver si así me es más fácil recordarlo.
La valkiria se mantuvo firme en su posición, David no pudo avanzar ni un paso más.
- No, tu no puedes….
Anne se desplomó sobre el suelo como un saco, de su pecho sobresalía el mango de un puñal. Las valkirias sacaron sus espadas, mientras David se introducía en la casa y corría hacia mí con los brazos por delante, las manos abiertas, parecía que me quisiera abrazar. Sus ojos estaban inyectados en sangre, no era él, estaba poseído.
Ilda consiguió interponerse entre David y yo, espada en mano, lanzándole un mandoble a mi amigo, que este esquivó con una agilidad felina, saltando hacia atrás con un impulso sobrehumano. No sé cómo, de otro salto se subió al techo, y comenzó a caminar por encima de nuestras cabezas, la fuerza de la gravedad parecía no importarle mucho. Las valkirias siguieron su acoso sin alejarse demasiado de mí. Anne permanecía inmóvil en el suelo, sobre un charco de sangre, con los ojos desmesuradamente abiertos, al igual que su boca.
- ¡Dadme al humano!, no tenéis por qué morir vosotras. Decidle a vuestro señor que conseguí escapar y salvareis la vida. Si me desafiáis os tendré que matar, y es una pena, sois tan hermosas….
Al decir esto, David, o quien quiera que fuese, puso cara de lascivia; de estar yo en el lugar de las chicas tampoco me habría rendido, por miedo a la represalia que aquel ser hubiera podido tomar. Seguro que era preferible morir a sufrir sus caprichos.
Mette soltó un ataque con su espada, pero David lo esquivó saltando desde el techo, yendo a caer detrás de la valkiria. Con un movimiento increíblemente rápido, le cogió la cabeza a la pobre chica y se la giró hasta romperle el cuello. Ya sólo quedábamos David, Ilda y yo.
- Ponte detrás mío – me ordenó ella.
En ese momento, David se puso a dar vueltas delante nuestro como un león calculando su próximo ataque, no dejaba de observarnos.
Ilda comenzó a susurrar algo rítmico, parecía un cántico religioso. David seguía imperturbable, haciendo caso omiso de las palabras de la valkiria, de vez en cuando sentía sus ojos sobre mí, analizándome. No tenía ninguna duda de que ese no era mi amigo, algo o alguien se había apoderado de su cuerpo. De repente, dejó de dar vueltas para agacharse al lado de Mette..¿qué iba a hacer? . Comenzó a manosear el cuerpo inerte, a quitarle la ropa, ¿acaso pretendía profanar el cuerpo de la valkiria delante nuestro? ¿se trataría de una estrategia para desconcentrar a Ilda de sus cánticos?
La valkiria comenzó a subir el tono de sus plegarias, mantenía los ojos cerrados, pero quedaba claro que de alguna manera percibía lo que estaba pasando en esos momentos. La oscuridad comenzó a apoderarse de la casa, eché un ojo al exterior a través de una de las ventanas y observé que unas nubes muy oscuras tapaban el cielo que momentos antes había estado completamente despejado con un sol radiante. Un relámpago resplandeció en medio de la estancia, iluminando brevemente a David fornicando el cadáver de Mette. La imagen de ese acto de necrofilia casi me hace vomitar. Pobre Mette, no merecía ese final, y lo peor es que nosotros no podíamos hacer nada por evitarlo. Un trueno retumbó dentro de la casa, que vibró como si se tratara de un terremoto. Entre David y nosotros comenzó a aparecer una nueva figura, con un casco alado y un martillo en sus manos. El fornido guerrero de melenas y barbas rubias se puso en guardia nada más materializarse.
- ¡No tienes escapatoria Loki! – le dijo el recién llegado a David, que no cesaba de moverse sobre el cuerpo de Mette, haciendo caso omiso de la nueva presencia. Tardó unos segundos en contestar entre jadeos:
- ¡No, Thor!, esta vez no iré a ninguna parte. Aquí tu poder es limitado, como el mío, nuestra batalla será equilibrada. ¿Te atreves a luchar conmigo en una situación de igualdad?, lo dudo, en el fondo eres tan cobarde como yo…la diferencia es que yo soy mucho más listo.
- ¡Basta ya! – Thor lanzó su martillo a David, mejor dicho, Loki, pero éste lo esquivó echándose ágilmente a un lado del cuerpo inerte y desnudo de la valkiria. El dios vikingo dejó su poderoso brazo extendido, esperando que el martillo volviese a su mano, pero éste, que había abierto un importante cráter en el suelo de la vivienda, no volvió, debía ser por la merma de poderes de la que había hablado Loki. Éste se abalanzó con la espada de Mette sobre Thor, pero el dios del trueno era mucho más difícil de vencer que la más poderosa de las valkirias, y de una poderosa patada rechazó a su atacante, que se fue a estampar contra una pared.
Ilda aprovechó la oportunidad para asestarle un golpe mortal a Loki con su espada. La hoja atravesó el pecho de aquel ente maligno…y entonces Loki desapareció dejando una nube de humo en su lugar.
- ¿Ha muerto? – pregunté
Thor ni me miró, se fue a buscar su martillo, supongo que para él no era más que un simple mortal.
- No, el mal no puede morir – dijo Ilda -, como tampoco puede morir el bien. Ambos somos eternos y sólo así podemos mantener el equilibrio. Loki no tardará en volver a materializarse de nuevo, y seguirá buscando a aquel humano que sea la puerta a Hel. Seguramente volverá a empezar en el punto donde lo dejó, es decir, por ti.
- ¿Y qué voy a hacer?
- ¡Te vienes a Aesgaard!, es el único sitio donde puedes estar seguro. – contestó Thor, que ya había recuperado su martillo Mjölnir y parecía estar de mejor humor.
- Pero yo tengo mi vida aquí.
- No puedes comparar tu mundo lleno de miserias con nuestro mundo perfecto. Allí podrás convivir con dioses y guerreros, con las mujeres más perfectas que jamás has podido imaginar. Nuestra cerveza supera a cualquier cerveza vuestra. Te enseñaremos a ser uno de los nuestros.
Thor resplandecía cuando hablaba de las maravillas de Aesgaard, y yo mismo comenzaba a salivar pensando en mujeres y cerveza por doquier…cuando de repente el cielo se volvió a oscurecer. El aire se había vuelto gélido como un glaciar, y de pronto, había comenzado a nevar, si es que se puede decir nevar a la caída de copos negros. La nieve era oscura, parecía ceniza helada.
- ¡Por Odín!, ¡no puede ser!, Loki nos ha tendido una trampa. – y tras decir esto, el dios del trueno y del rayo salió volando por la ventana. Allí nos quedamos Ilda y yo, junto a los cuerpos sin vida de Mette y Anne. La hermosa valkiria estaba pálida.
- ¿Qué ha querido decir? – pregunté yo.
- Creo que Loki ya sabía quién era la llave al infierno, y no eras tú. Nos ha hecho pensar que así era para desviar nuestra atención de su objetivo real. Esta tormenta de nieve negra presagia lo peor: Loki debe haber entrado en el infierno. Ya nada detendrá el Ragnarök.
El rostro de Ilda estaba inundado de lágrimas. La abracé. En esos momentos no sabía que más podía hacer. Así nos quedamos, abrazados el uno al otro, de pie, esperando que pasara algo.

Han pasado algunas semanas desde ese momento. Ilda volvió a Aesgaard, yo le había pedido que se quedara conmigo, que quizás la tierra no se viera afectada por todo aquello, pero ella me dijo que tenía que afrontar su destino.
- Primero caerá Aesgaard, y después la destrucción llegará a la tierra. – dijo antes de volver a su hogar.
Me imagino que se refería a lo que ha estado pasando estos días. Los hielos del polo norte se han fundido por completo, los mares han inundado los continentes, y sólo los que hemos podido alcanzar las montañas nos hemos salvado, no sé por cuanto tiempo. El mundo, tal como lo conocíamos, ha desaparecido. Los que sobrevivan a los desastres naturales y a la violencia entre los propios humanos por la supervivencia, tendrán que forjar un nuevo mundo desde cero. Yo estoy aislado en una cueva en las montañas, tan sólo un fuego cercano a su extinción me protege de los lobos que me asedian fuera. Sé que en el momento que este fuego se apague, sólo la espada de Mette me protegerá, y, si hace falta, me puede servir para darme fin antes de que lo hagan las alimañas.

dimecres, 24 de març de 2010

RAGNAROK (1 de 2)

Loki
Cada minuto, puntualmente, la víbora libera una gota de su veneno sobre el rostro del Dios cautivo.
Otra gota más, un nuevo estallido de dolor; pero el reo ya no se retuerce, se ha acostumbrado a sufrir. Loki padece el castigo al que le condenó Odín por asesinar a Baldr, el niño mimado de su reino. El orgulloso Dios mandó que ataran al asesino a un árbol gigante, usando como ligaduras las vísceras del propio hijo de Loki. En el árbol dispusieron una víbora que eternamente castiga al prisionero echándole su veneno sobre la cara.
Con el tiempo, Loki ha conseguido mover su cuerpo lo necesario para que las gotas del ácido del veneno resbalen de su rostro a las ataduras; poco a poco, estas se van quemando. Su rostro ya no es más que un amasijo de carne desfigurada sin ojos, nariz ni labios. Sus dientes descarnados se muestran en una mueca cómica, como si sonriera con cada gota que le tortura. En cierto modo así es, pues Loki sabe que cada gota le acerca a la libertad…

Año 2010 de la era cristiana. En Noruega, un glaciar inmenso se derrumba - por efecto del calentamiento global según los entendidos - desde el pico más alto de la cordillera de Jotunheimen. Los vikingos creían que esa cordillera era el lugar donde Aesgaard, la tierra de los dioses, se unía, mediante el puente del arco iris, a la tierra de los humanos, Midgard. Jotunheimen significa morada de gigantes, pues éstos duermen congelados bajo los grandes glaciares, esperando el momento cuando despertarán para la batalla final contra los dioses. Entre las toneladas de hielo desmoronado aparece lo que podría ser un hombre, si no fuera por el hecho de que ningún ser mortal podría sobrevivir a semejante alud. No tiene rostro, su cabeza asemeja un muñón de carne, pero poco le importa, pronto tendrá suficiente poder como para transformarse en cualquier forma de vida; se abre camino entre el hielo, su paso, poco a poco, se va haciendo más firme. Loki ha recuperado la libertad, ahora tan sólo desea venganza. Ha llegado el momento del Ragnarök, el ocaso de dioses, gigantes y humanos.

Pocos días después de este suceso, Odín reúne a sus hijas guerreras, las valkirias, en su palacio de hielo. Tiene que anunciarles una noticia muy importante:
- Loki ha conseguido liberarse y ha escapado a Midgard. Ahora se esconde entre los humanos. Necesito que lo encontréis antes de que consiga reunir a los espíritus del fuego. Ya conocéis lo que pasará si lo consigue.
- Comenzaría el Ragnarök mi señor. – dice Brunilda, su favorita.
- Sí, pero antes necesita encontrar la puerta del infierno, para poder llegar hasta los espíritus.
- ¿Y ya sabe dónde está esa puerta?
- Lo dudo, pero sí sabe que la puerta se halla en el corazón de un humano, el puente entre Midgard y Hel, la tierra de los humanos y el infierno. Si consigue apoderarse de ese corazón tendrá la llave para entrar y salir a su antojo del averno.
- ¿Y dónde está ese humano, mi señor?
- Ni siquiera yo lo sé exactamente, aunque he conseguido acotar bastante la lista de candidatos. Desde el primer humano, todos los primogénitos varones han heredado este don de alma puente. Cuando los vikingos dominaban Midgard conseguí descubrir que tal don recaía sobre Erik el Rojo, pues el señor del averno quiso apropiarse de él cuando este ya se sentaba a mi mesa en el Valhalla, nunca le permití llevárselo. Pero la capacidad de Erik para violar y seducir me hizo imposible seguir su linaje. Su primogénito podría ser cualquiera de los hijos bastardos que pudo dejar. El hombre que buscamos se encuentra en una lista de siete candidatos. El problema es que tendréis que dividiros para vigilar a cada uno de ellos hasta que Loki aparezca. Cuando eso ocurra, apresuraos en avisadme para que os pueda enviar refuerzos, es vital atrapar a Loki antes de que pueda cruzar el puente al infierno. Si lo consigue, nadie podrá parar su avance hacia Aesgaard seguido por los espíritus del fuego y los gigantes del hielo.

Un par de años después, en Midgard:
Corría el mes de diciembre, hacía demasiado frío incluso para esa época del año, tratándose de Barcelona. Yo había salido esa noche de fiesta, a regañadientes pues aún tenía demasiado reciente mi ruptura con la que había sido mi pareja durante los últimos cuatro años. Mis amigos me habían convencido finalmente para ir a tomar algo al Café de Les Arts. El bar estaba lleno de gente, casi no se podía llegar a la barra. Un golpe de suerte sucedió justo cuando llegamos a ésta, se iban un par de parejas que acababan de recoger sus consumiciones. Conseguimos aposentarnos justo al lado de tres rubias impresionantes a las que un grupo de niños de papá estaba asediando. Los niños pijos no tardaron en rendirse al ver que las bellezas no sucumbían al brillo de sus sonrisas Profident; aprovechando la oportunidad, mi amigo David hizo un intento a la desesperada. Sinceramente, en ese momento pensaba que se estaba suicidando, esas chicas eran palabras mayores. Me recordaba a esas escenas de los rodeos, cuando un vaquero intenta montar un animal de quinientos quilos el máximo de tiempo posible. Yo no le daba ni un segundo, pero, para mi sorpresa, David aguantó mucho más, tanto que comenzó a presentarnos las chicas a todos. Se trataba de tres danesas que vivían en Barcelona desde hacía muy poco tiempo. Eran estudiantes, el caso es que no dijeron qué narices estudiaban, tampoco nos importaba. Yo conseguí hacerme simpático con una de ellas al comentarle que había visitado su ciudad natal. Hablaban muy bien el castellano y, de hecho, les molestaba que les habláramos en inglés. Cuando ya le estaba encontrando el gustillo a la conversación, el bar encendió las luces, era la hora de marchar a otra parte.
- Nos vamos a La Fira, ¿os venís? - me dijo Mette, la chica a la que había caído simpático.
- Bueno, tenemos que hablarlo con nuestros amigos, a ver qué les parece.
Tras una dura negociación, David consiguió convencer al resto de amigos para ir a La Fira. Cuando llegamos, las volvimos a encontrar en una de las barras. David fue directo a ellas, y, tras un rato conversando con ellas, me hizo gestos para que me acercara. Cuando estuve a su lado me dijo:
- Querían que te pidiera que te acercaras. Ha sido tu amiga Mette. – David aprovechó para hacerme un guiño de complicidad.
De pronto, la rubia más espectacular entre las tres, Ilda, me preguntó:
- ¿qué edad tenéis?
- los dos tenemos la misma edad, treinta y cinco años. ¿Y vosotras? –se las veía en una edad en la que no les debería molestar esta pregunta.
- ¿qué edad crees que tenemos? – dijo Anne, la chica más cercana a David.
- Unos veinticinco años.
Las tres estallaron en carcajadas, unas carcajadas muy sensuales por cierto. Entonces Ilda, se besó la punta del dedo índice y a continuación posó este dedo sobre mis labios. Mientras lo hacía pude apreciar un brillo especial en sus ojos, algo sobrenatural.
- Tenemos bastante más que veinticinco años, no os vamos a decir cuántos. – dijo ella.
Yo no supe mantener mi boca cerrada y le contesté, intentando ser galante: - Tengo amigos que aseguran que las mujeres danesas, por encima de los veinticinco años van perdiendo su belleza natural. Vosotras estáis en todo vuestro esplendor. – Al momento me di cuenta que mi comentario había sonado completamente estúpido.
- Esos amigos tuyos no tienen ni idea. – contestó rápidamente Ilda.
Poco más tarde, nos dijeron que se marchaban, y nos invitaron a ir con ellas. Las cuentas no nos salían, ellas eran tres y nosotros dos. Ninguno de nuestros amigos se había atrevido a acercarse, con lo que no nos quedaba más remedio que repartirnos el botín de forma desequilibrada. David estaba eufórico pensando en lo bien que podía acabar la noche. Yo estaba acojonado, no me podía creer que aquellos ángeles se hubiesen fijado en nosotros. Salimos del local y paramos un taxi monovolumen que en esos momentos pasaba por allí (otro detalle de la suerte que estábamos teniendo esa noche). Las danesas le dijeron al taxista su dirección y el coche arrancó hacia su destino. Ninguno de nosotros se fijó en la figura que nos espiaba desde las sombras de la esquina más cercana.
La casa de las chicas era todo un ejemplo de minimalismo, su único motivo decorativo era una estatuilla en madera de un cuervo negro.
- ¿Qué representa ese cuervo? – les pregunté
- Es una representación de Odín. – contestó Ilda
- ¿El dios vikingo?
- El mismo, era el dios de nuestros antepasados, y muchos nórdicos seguimos creyendo en su existencia y su poder.
Yo alucinaba, mientras David comenzaba a besarse con Anne. Noté que alguien me abrazaba por la espalda, se trataba de Mette, noté el cálido aliento de su boca sobre mi oreja derecha y el vello de la nuca se me erizó de placer. Entonces Ilda se acercó a mí, en ese momento, Mette le dijo algo en una lengua que yo no entendía, supongo que danés, parecía enfadada, pero Ilda la hizo callar, ella era la que mandaba, estaba claro.
Ilda se movió entre David y yo durante toda la noche, mientras Mette y Anne siguieron fieles a sus elecciones iniciales. Aunque hubiese vivido siglos nunca podría olvidar esa noche, esos cuerpos fibrados, atléticos, y a la vez tan femeninos y sensuales. Fueron unas cuantas horas de placer, hasta que el sol nos saludó por las ventanas, y entonces nos dormimos, con los cuerpos entrelazados, en un caos de miembros. En aquel momento no sabía que el mundo se estaba acabando y que esa podía ser una de mis últimas noches de placer, ¿o quizás la última?. Tampoco sabía en ese momento que acababa de tener relaciones sexuales con dos valkirias algo mayores que yo, digamos que ellas tenían unos pocos miles de años más. Eso sí, su apariencia era la de mujeres bellas como auténticas diosas. ¿Por qué nos habrían escogido a nosotros dos? Pronto lo descubriría.

diumenge, 21 de març de 2010

Leña al mono

- Parece que tenemos otra llamada. ¿Sí?, ¿hola?
- Hola
- ¿Cómo te llamas?
- Mi nombre es…Fénix.
- ¿Y qué nos querías comentar, Fénix?
- Pues yo sólo quería decirle al señor este que tienes al lado que no es más que un facha hijo de puta, y que me cago en “tosus” muertos, y que como me lo encuentre por la calle es hombre muerto.
- Muchas gracias Fénix por tu aportación a este programa. ¿Qué tienes qué decir a estas palabras, Tomás?
- Pues nada, que no es más que un mamarracho sin idea, y que es lamentable que lo único que pueda argumentar en toda esta discusión sea tres insultos y una amenaza. A esta persona poco le puedo explicar pues va a interpretar lo que le dé la gana.
- Tenemos otra llamada, a ver qué nos comentan ahora, Tomás. ¿Sí?
- Hola, me llamo Lucas, y yo quisiera decir a este señor que soy un admirador suyo.
- ¿Sí, en serio?
- Sí, en serio. Me parece increíble como puede seguir vivo después de ver cómo nos va chuleando a todos con sus palabras. Seguramente el tío no debe salir de casa, porque el día que salga y lo veamos le vamos a patear la cabeza hasta que reviente. ¡Estás muerto, cabrón!
- Muchas gracias, Lucas. Supongo Tomás, que vas a decir lo mismo sobre este nuevo comentario, ¿no?
- Efectivamente, más de lo mismo.
- Pues con esta llamada hemos llegado al final de nuestra tertulia deportiva de hoy. Os dejamos con el programa musical de Laura García, hoy dedicado a la canción romántica italiana de los sesenta. Hasta mañana, que volveremos con la previa del partido del derby de este sábado.
El locutor se quita tranquilamente los auriculares y bebe un trago de su botella de agua.
- Y bien, Tomás, ¿qué tal hoy?, parece que ha sido un programa más relajado de lo normal.
- Sí, hoy la gente no se ha pasado demasiado. Así da gusto. Aunque hay momentos que me asusto. Realmente creo que tendría que dejar este programa, cualquier día uno de estos locos va a cumplir sus amenazas.
- No lo creo, tan sólo son chavales un poco fanáticos que se ponen cachondos con nuestro programa. Les encanta poder escupir todos sus insultos por las ondas sin que nadie les corte. Ese es el éxito de nuestro programa, que no censuramos a nadie.
- Lo malo es que siempre me insultan a mí.
- Bueno, es que eres su enemigo, el que no piensa como ellos. Y cumples con tu papel de puta madre. A veces pareces casi tan fanático como ellos, me los puedo imaginar con los ojos inyectados en sangre, a punto de explotar. En esos momentos nuestras centralitas están desbordadas. Pero no se lo tengas en cuenta, son jóvenes con las hormonas alteradas, que necesitan dar rienda suelta a sus frustraciones. En fin, mañana más. Nos vemos.
- Hasta mañana.
Tomás se pone su chaleco antibalas y baja hasta el parking donde cogerá su coche. Cuando llegue a casa le dará un beso a su mujer, que no puede salir de casa por seguridad. La madre de ella es la que les hace las compras, pues nadie la conoce.
- Hola cariño, ¿Cómo está la niña?
- mejor, hoy parece que ha dormido de un tirón. Por fin la mutua nos va a enviar un médico durante esta mañana. Se ve que hubo problemas por algun malentendido. Espero que no volviera a pasar lo de siempre.
- no lo creo, cariño. Los de la mutua me aseguraron que ya habían despedido aquel energúmeno que me había reconocido al teléfono la otra vez que les pedimos un médico. Además, aquella vez estuvimos una semana esperando que el médico viniera a visitarnos, y esta vez, a las veinticuatro horas han reaccionado.
- Tomás, creo que deberíamos irnos de esta ciudad. Todo el mundo nos odia.
- ¿Qué dices? – el hombre sonríe a su mujer para intentar tranquilizarla. – no nos va tan mal, tengo un buen sueldo..mejor dicho, el sueldo que nunca hubiera podido soñar siendo un periodista vulgar.
- ¡Pero tu trabajo no es de periodista, no eres más que un muñeco al que todo el mundo golpea, insulta y escupe!
- ¡Por eso me pagan tanto!. ¿Te acuerdas cuando no podía trabajar de periodista y no llegábamos a fin de mes?
- Casi prefería eso a no poder salir de casa por miedo a lo que nos puede pasar.
- Es un pequeño precio por el éxito. Todo el mundo me conoce.
- Y todo el mundo te desprecia. Nadie piensa en tí como un ser humano. Para ellos eres peor que una cucaracha.
- No quiero seguir discutiendo. Subo a ver a la niña.
El hombre sube las escaleras y entra en la habitación de su hija. Le toca la frente, la tiene ardiendo, aún no le ha bajado la temperatura. Al menos parece que duerme tranquila. Tomás se queda sentado sobre la cama, se siente cansado. Su mujer tiene razón, la situación es inaguantable, pero no puede dejarlo. En el momento que hayan ahorrado un poco podrán irse a cualquier otro sitio donde pueda pasar por una persona anónima. Mientras, tendrá que seguir haciendo su periodismo agresivo y aguantando las reacciones de los fanáticos más susceptibles, confiando que ninguno de ellos llegue a cumplir sus amenazas.

diumenge, 14 de març de 2010

La curiosidad mató al gato

Su cargo era de jefecillo. Era el tío con menos carisma que jamás hubiera conocido…mejor dicho, no tenía ningún carisma, y hubiera pasado completamente desapercibido de no ser por sus curiosas costumbres que rallaban la paranoya. Nadie quería trabajar con él, tan callado, tan serio, tan metódico…¡tan borde!. Cuando algo no le funcionaba no tardaba ni medio segundo en poner el grito en el cielo, echándole las culpas al primero que se le cruzaba. Nadie le oyó nunca decir las palabras "gracias" o "por favor". Físicamente tenía una retirada al viejo Lou Reed, aunque más escaso de pelo, ciertamente. Llevaba gafas, vestía clásico tirando a casposo, siempre con corbata, un vestuario que parecía no haber renovado en décadas. Una de sus malas costumbres era no parar de morderse la piel que bordeaba sus uñas.  Pero sin duda, la peor de sus costumbres, según me habían contado, no era esa. Varios compañeros habían observado que cuando iba a orinar se metía en el cuarto del retrete sin cerrar la puerta, ni siquiera tocaba el pomo, como tampoco llegaba a tocar el retrete ni para tirar de la cadena una vez había acabado de orinar. Además, no había ocasión en que no dejara un reguero de orina por el suelo, como si en lugar de orinar estuviera manejando una taladradora. Y para colmo, nunca nadie le vió lavarse las manos al salir del aseo. Daba la sensación de que no quería tocar con sus manos nada que no fuera su propio miembro viril.
En mis dos años trabajando en su mismo grupo de trabajo, jamás había intercambiado ni una sola palabra con él, sabedor de su poca simpatía y su mucha estupidez, yo no había hecho el más mínimo esfuerzo por caerle simpático, sinceramente me importaba un rábano lo que una persona así pudiera pensar de mí. Por lo que podéis comprobar este personaje no era santo de mi devoción, digamos que más bien me daba repelús. A menudo lo veía levantarse y estarse de pie detrás de otro compañero, mirando la pantalla de éste, mientras se mordía la piel de sus uñas de forma sistemática, como si de un tic nervioso se tratara. Y yo no podía pensar en otra cosa que sus manos, después de pasar por el lavabo sin lavárselas.
Un día no pude resistirme a mi curiosidad y, aprovechando una de sus escapadas al lavabo, le seguí. Tenía que comprobar con mis propios ojos de qué era capaz ese hombre. Dejé que pasara un minuto hasta seguir sus pasos hacia el excusado, entrando en los aseos justo cuando él salía a toda prisa. No me dió tiempo de fijarme si llegaba a tocar con las manos la puerta, pero sí pude comprobar una vez dentro que alguien (no era difícil suponer que se trataba del susodicho)  había orinado sin tirar de la cadena, y en el suelo había un reguero de orín, una escena completamente asquerosa.
Había visto suficiente, me di la vuelta y salí de los aseos justo cuando otro par de trabajadores entraban, hablando animadamente. Nada más cruzar la puerta me detuve paralizado: me había dado cuenta de que yo era la última persona que había salido del lavabo, dejando detrás un escenario dantesco. Al momento pude escuchar los comentarios que llegaban del otro lado de la puerta:
- “¡Vaya tío más cerdo!” , ha dejado todo meado y no ha tirado de la cadena.
- ¡Joder, hay que ser guarro!, pero ya tenía cara, ya.
En ese momento sólo quería que la tierra me tragase.

diumenge, 7 de març de 2010

Pánico en la frutería

Habíamos cogido una piña, unos tomates, zanahorias, plátanos, una bandeja de fresas y media docena de peras.
- ¿Crees que llegaremos a los diez euros? - me pregunta mi mujer
- ¡Dios mío, espero que no!
De repente, me ha dado por mirar el precio de la piña.
- ¡No!, ¡la piña sale a 2 euros el quilo!, ¡ella sola nos sube la factura cuatro euros!. ¡Déjala en su sitio!, tenemos que escoger bien los productos.
- Tienes razón, ahora mismo la dejo...¿puedo coger un pimiento?
- ¿Realmente lo necesitas?
- Bueno... no. Puedo pasar sin él.
Poco a poco, la cola nos acerca hasta la caja resgistradora. Ahí está ella, mirándonos de reojo mientras pesa los limones de la clienta que nos precede. Voy calculando mentalmente pesos y precios, ¿sumarán diez euros?, Dios quiera que no, no quiero pensar en lo que podría pasar de ser así...
Por fin llega nuestro turno.

- Buenos días, ¿ésto es vuestro?
- Sí – respondemos ambos al unísono, con voz nerviosa.
- ¿No quereis unas endivias?, hoy las tenemos a buen pre..
- ¡No, no!, no queremos endivias, gracias. - contesto yo precipitadamente.
Gotas de sudor comienzan a resbalar por mi frente, mientras miro de reojo a cuánto suben cada una de las mercancías pesadas por la frutera. Por fin llega el momento en el que la caja registradora muestra el precio total.
- Serán nueve con ochenta y ocho céntimos.
Un sentimiento de alivio nos embarga a mi mujer y a mí. Hemos evitado la maldita pregunta de la frut...
- ¿Teneis nuestra tarjeta de puntos?, por cada diez euros de compra os marcamos un sello, y cuando llegueis a veinte puntos os daremos un regalo a escoger entre una nevera portátil, una bolsa de playa y un juego de cuchillos. Esta vez, aunque no hayais llegado a los diez euros no importa, os...
- No, tranquila, se nos ha olvidado, pero no te preocupes que no hace falta...
- ¡Y tanto que sí!, ¡faltaría más!, ahora mismo te doy una nueva tarjeta y te sello...
- ¡Si ya tenemos seis tarjetas en casa!, no necesitamos...
- Pues ahora os doy otra y a ver si esta vez no se os olvida.
- ¡Qué nos dejes en paz, joder!. Sólo hemos venido a comprar fruta. Estoy harto que cada vez que venimos nos atormentes con tu puta tarjeta de puntos. ¡Anda y que te follen!
En vez de decir ésto, nos quedamos en silencio mirando como la frutera saca una nueva tarjeta y le marca otro sello, solitario, destinado a caer  en el olvido como todos los anteriores. Una lágrima de impotencia se suspende de mi lagrimal izquierdo vacilando entre caer ya al vacío o mantener las formas y esperar un momento mejor.Recogemos las bolsas con la fruta ante la mirada satisfecha de la frutera. El próximo día, volveremos a intentarlo, pero seguro que esa bruja nos volverá a preguntar si tenemos su tarjeta de puntos...

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