dissabte, 21 de maig de 2011

¿Y el lunes qué?

Lunes 23 de mayo del 2011.


10 de la mañana


Los turistas pasean tranquilamente entre las palomas y los restos de la acampada. Pocos restos para la gran cantidad de gente que ha vivido o transitado por esa plaza en la última semana, los servicios de limpieza demostraron una buena organización.
Una pareja de turistas franceses se detienen en el centro de la plaza delante de unas láminas con mensajes que aguantan pegadas al suelo. La mujer traduce a su pareja las palabras escritas en cada uno de esos mensajes:


“Ejercer el poder corrompe, someterse al poder degrada”
“La oscuridad nos define, el anonimato nos une”
“Esto solo lo arreglamos sin ellos, no les votes”
“Los políticos y los pañales hay que cambiarlos a menudo por razones parecidas”
“Autónomos, nadie piensa en nosotros. ¡Ayudas ya!”
“Revélate, vive tu vida, que no te la elijan”
“No es crisis, es capitalismo”


Ella le pregunta a su pareja:
- ¿Y dónde están ahora todos los que estaban aquí hace unas horas?
- Se han marchado a casa. Ayer se celebraron las elecciones y ya no hay razón para permanecer aquí. Sería un esfuerzo innecesario porque hoy nadie les va a escuchar, los políticos ya tuvieron su susto y después de las elecciones ya pueden dormir tranquilos.
- ¿Quieres decir que ahora todo el mundo se ha vuelto a casa como si nada?
- Sí. Los políticos han dicho que han escuchado el mensaje del pueblo y que trabajarán por limpiar su imagen y para que la gente esté orgullosa de ellos. Lo que dicen siempre y luego olvidan rápidamente.
- Pero entonces, ¿de qué habrá servido todo esto?
- ¿De qué sirvió nuestro mayo del 68?


En el mismo momento que la pareja francesa se aleja del lugar, un pequeño vehículo de limpieza se acerca acompañado por un par de barrenderos. Van a cumplir con las órdenes que han recibido del ayuntamiento: limpiar la plaza de todo aquello que los manifestantes hayan dejado allí, borrar todo vestigio de la revolución pacífica como si nada hubiera pasado.
Los políticos creen conocer perfectamente a la gente que representan: no dudan de que poco a poco todo volverá a su lugar y la gente se olvidará de la semana en que todo un pueblo se volvió loco y soñó con cambiar las cosas. Por unos días las elecciones se salieron del guión; los millones de euros que los partidos políticos habían gastado para sus insípidas y cansinas campañas se desperdiciaron porque nadie hablaba de sus mítines, si no de las manifestaciones que dejaban al aire sus vergüenzas.
Tras unos primeros días de pánico, los políticos recuperaron la calma al darse cuenta que los manifestantes tampoco se ponían de acuerdo en las reclamaciones y en las soluciones que el pueblo les pedía. Casi todo el mundo estaba de acuerdo en algo:
- la denuncia a políticos y a banqueros y el rechazo a tener que pagar los delitos y excesos de éstos
- la exigencia de facilitar la creación de empleo y el acceso a la vivienda
- no permitir los recortes en sanidad y educación


Estos puntos les unían, pero muchos otros les dividían, y sus enemigos aprovecharon esta debilidad para atacarles a través de los medios de comunicación, completamente fieles a los poderes que les alimentan.
Después de las elecciones era difícil mantener esa intensidad, esa frescura, se corría el riesgo de corromper el espíritu del 15M, y los manifestantes decidieron volver a casa con la promesa de volver pronto.


El vehículo de limpieza está punto de arrancar la primera de las láminas, cuando de repente, uno de los barrenderos le hace parar.
- No quites eso, gira.
- Pero nos han dado la orden de limpiarlo todo, que no quede nada.
- Que se jodan, que vengan ellos a limpiarlo con sus propias corbatas.


Los mensajes se mantendrán en la plaza el tiempo suficiente hasta que de nuevo se recuperen para un nuevo desafío, quizás el definitivo.

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