diumenge, 21 de novembre de 2010

La bañera

- ¿Pero dónde nos hemos metido? - la pregunta me salió del alma.
- Esta fonda no ha cambiado nada en los últimos cincuenta años. - comentó Alba, mi novia.

Ambos habíamos decidido pasar un fin de semana diferente, aprovechando el puente de Todos los Santos, saliendo de la ciudad hacia un destino rústico, barato y pintoresco. Desde luego el sitio donde nos íbamos a alojar no podía ser más genuino. Una fonda de los años cuarenta, que prácticamente no había cambiado nada desde entonces. Se accedía por unas escaleras a un primer piso, con un inmenso vestíbulo que daba acceso a las diferentes habitaciones, y también a los lavabos y ducha. El cuarto de la ducha era especialmente lúgubre; junto a la ducha se abría otro cuarto en el que tan sólo había una bañera con patas, una reliquia del pasado en la que nadie parecía haberse sumergido durante los últimos decenios. Al lado de la bañera se encontraba un tocador lleno de adornos pasados de moda, y una silla. La luz que envolvía esa estancia era tan lúgubre como la misma bañera. Mientras Alba y yo curioseábamos, se me ocurrió hacer una pequeña broma.

- Creo que me voy a dar un baño – y mientras, abrí el grifo de la bañera.

Antes que Alba tuviera tiempo de protestar, se comenzó a oír una especie de lamento proveniente de las tuberías, y un hilillo de agua marrón empezó a caer desde el grifo. Tardé un segundo en reaccionar, asustado por aquel ruido estremecedor, parecía que las tuberías hubiesen cobrado vida de repente. Cerré la llave del grifo y me giré hacia Alba.

- Sólo era una broma.

Ella me miró enfurecida.

- No lo vuelvas a hacer, estas cosas a mí me dan mucho miedo.

Volvimos a la habitación a sacar nuestras cosas y a prepararnos para dormir. No nos dimos cuenta, que el grifo no había quedado bien cerrado, y desde su interior se precipitaba sobre la bañera, gota a gota, un líquido oscuro.
Esa noche conseguimos dormir sin más problema que los que conlleva un colchón viejo y un somier viejo. Aprovechamos la mañana siguiente para hacer senderismo por los alrededores, y cuando comenzaba a oscurecer volvimos a la fonda.

- Me ducho yo primero, ¿de acuerdo? - le propuse a Alba.
- Como quieras – contestó ella.

Cogí mi ropa limpia, la toalla, el gel y el champú, y me dirigí a la ducha. La oscuridad dominaba la estancia. Encendí la luz de la ducha, y miré hacia la estancia donde se encontraba la bañera. Un escalofrío recorrió mi espalda al distinguir su forma en medio de la oscuridad. No me atreví a curiosear más, así que dejé mis cosas colgadas de la puerta y me dispuse a ducharme. El agua caía caliente sobre mi cuerpo, pero me quedé congelado al oir una especie de chapoteo lejano, el ruido que se produce cuando alguien sale de una bañera llena de agua. Mis sentidos se agudizaron, pero no alcancé a oir nada más. No osé echar una mirada fuera de las cortinas de la ducha. Esperé un momento, y cuando me calmé seguí con mi ducha. Al finalizar abrí las cortinas. La puerta del baño estaba abierta, yo la había cerrado con pestillo. En el suelo había charcos de agua, como si alguien completamente mojado hubiese salido del cuarto. Salí de allí únicamente con los calzoncillos, corriendo hacia la habitación, cuya puerta estaba abierta; el camino estaba lleno de agua. Entré pero no vi a Alba, no estaba allí. Me quedé cinco segundos pensando, aterrorizado, y al final reaccioné. Volví al baño, me dirigí al cuarto de la bañera. Encendí la luz, lo que ví me dejó paralizado de terror. Alba se encontraba vestida, en el interior de la bañera, boca abajo, cubierta por completo de un agua marrón. Rápidamente la saqué de allí y le hice el boca a boca; por fin reaccionó.

- ¿Qué ha ocurrido? - preguntó entre toses y arcadas.
- Estabas ahogándote en la bañera. ¿Cómo llegaste hasta aquí? - le pregunté.
- No lo sé, estaba en la habitación y de repente oí como la puerta se abría, pensaba que eras tú y ni siquiera me giré a mirar. Unas manos húmedas se cerraron sobre mi garganta. La siguiente imagen que tengo eres tú haciéndome el boca a boca. Vámonos de aquí, por favor.

Esa misma tarde nos volvimos a casa. A los dueños de la fonda les dimos la excusa que Alba no se encontraba bien y que debíamos volver. No queríamos que nos tomasen por locos, aunque por sus caras parecían darse cuenta que algo no iba bien.

No sabíamos qué había en aquella bañera, ni por qué nos atacó. Tampoco teníamos curiosidad por descubrir la verdad, sólo queríamos olvidarlo.

Una semana más tarde nos enteramos por el periódico que un hombre, un cicloturista, había muerto ahogado en una bañera en la misma fonda, quizás por un corte de digestión o quizás por un golpe en la cabeza que le habría llevado a perder el conocimiento y a continuación ahogarse en aquella bañera llena de agua. En el mismo diario comentaban la casualidad que, en esa misma bañera, había muerto una persona en los años cincuenta en extrañas circunstancias, y que entonces se sustituyó por una ducha. La bañera no era más que un adorno, conservada como un recuerdo de otros tiempos. Los dueños ignoraban por qué aquel hombre habría decidido utilizar la bañera, que obviamente se encontraba fuera de uso.

dimarts, 16 de novembre de 2010

Una tarde en la Bicha

- Una de morcillas, dos vinos y una Coca-Cola.
- Aquí no tenemos refrescos.
- Pues un agua.
- Aquí no tenemos agua.
- ¿Entonces?
- Cerveza, vino o nada.
- Pues será nada. La niña es demasiado joven para poder tomar alcohol.

Paco, el dueño de la Bicha, echó una mirada a la chica, y dibujó una sonrisa cínica en su rostro. Uxía bajó la cabeza, se sentía avergonzada pues muchas veces había ido a la Bicha con sus amigas y amigos, tomando unas cuantas cervezas, sin que su padre lo supiera. ¿Qué iba a hacer? ¿Acaso no iba a la Bicha todo aquel que estaba en León?, y algo tenía que tomar para poder pasar las fuertes raciones del local.
- Papá, ¿puedo tomar una cerveza?, es que no me gusta comer la morcilla a palo seco.
- Pero cariño, ¿tú, cerveza?
- Déjale a la niña que tome una cerveza el día de tu cumpleaños, no pasa nada por una, y seguro que no es la primera que se toma, ¿verdad? - preguntó su madre
- Bueno, la he probado – era una media verdad.
Su madre pensó que seguramente la había bien probado, a juzgar por el estado en el que más de una vez había llegado su hija a casa.
- Está bien, pero sólo una. ¡Por favor, pon también una cerveza!
El camarero asintió sin ni siquiera abrir la boca, tan sólo con un sobrio movimiento de cabeza. Miguel llamó la atención de sus dos chicas.
- Tenía ganas de celebrar con vosotras mi cumpleaños en el Barrio Húmedo. Luego iremos a ver a los abuelos y a cenar con ellos.
Las dos jóvenes, madre e hija, se miraron serias un instante y, a continuación, volvieron a mirar a Miguel con una sonrisa dibujada en sus rostros. Esa comunicación no verbal entre ambas, a él le sacaba de sus casillas, si es que algo realmente podía molestarle, pues muchos lo conocían como “el hombre de hielo”.
- ¿Veremos el partido del Barça? - preguntó Uxía
- Pues claro que sí, hoy ganaremos – contestó su padre mientras buscaba en el rostro de Fina la aprobación a su primera afirmación.
Fina no pareció inmutarse, así que Miguel se sintío sastisfecho, quien calla otorga, que dicen por esos lares.
- Papá, ¿y tú por qué eres del Barça?, porque tú antes eras del Madrid, ¿verdad?
- Recuerdo que tomé la decisión de cambiar hace unos cuantos años, justo cuando tú tenías dieciocho meses, en mi trigésimo octavo cumpleaños. Ese día, como quien decide fumar su último cigarrillo, decidí cambiar de equipo.
- Pero, ¿por qué lo hiciste?
- Pues porque me daba asco lo que veía en mi equipo, ya no reflejaba en mí ningún valor por el que valiese la pena seguir apoyándolo. El club estaba tomado por dos portugueses infames que no dieron al club más que vergüenza y prepotencia. Yo ya había abierto los ojos, pero me resistía a cambiar, hay cosas que se llevan muy dentro. Pero alguien me dio el empujón definitivo para lanzarme a la piscina...
- ¿Fue mamá?
- No cariño, mamá ayudó mucho, ya sabes que ha sido culé toda su vida, pero en verdad fue una frase del tío Wambas la que me hizo plantearme mis ideales como aficionado futbolero: “Cuando veas el Barça-Madrid tu corazón te dirá cuál es tu equipo”. A los pocos días de mi cumpleaños jugaron ambos equipos, y para mi fue sorprendente darme cuenta que inconscientemente deseaba que ganase el Barça. Cada balón dividido deseaba que se lo llevara el Barça; vibraba con cada regate de Messi, con cada pase milimétrico de Iniesta, con la capacidad de Xavi de pensar la siguiente jugada mientras se revolvía entre dos contrarios, con los zarpazos de Villa, con el hambre y la agresividad de Pedro, con la entrega de Puyol, con la capacidad de anticipación de Piqué....De mi Madrid ya solo quedaban unas migajas, Casillas y poco más. Lejos estaban los tiempos de Raúl, Zidane, Figo, Roberto Carlos, Hierro, Laudrup...El fútbol era del Barça, y todo gracias a su entrenador, mitad preparador táctico mitad visionario. Alguien que sólo se preocupaba de hacer bien su faena, intentando evitar el circo mediático que se formaba a su alrededor, todo lo contrario que Mourinho, el entrenador de aquel Madrid, un divo en el banquillo que no hacía más que poner en ridículo a los de su profesión. Desde entonces soy un culé más.
- ¿Y todo por el tío Wambas?.
- Bueno, no, él sólo dio el empujón final, me hizo reflexionar para que viera que no tenía por qué ser un esclavo de las costumbres, y que el hombre sabio es aquel que entiende cuando ha de rectificar y así lo hace.
- ¡Ah!, claro.
- ¿Y tú cariño? ¿cómo es que eres del Madrid si tus papás somos del Barça?
- Porque sus jugadores están más buenos.
Miguel se quedó pensando un rato en ello mientras asentía con la cabeza distraidamente a su hija.
- ¡Aquí tienen la morcilla!

dilluns, 8 de novembre de 2010

Aniversario: Nube de tags

Poblenou, Dixie, Culetazos, Creep, Bóveda, Primer beso, Braveheart, McOso, Reyes, Exámenes, Arnedillo, Piccadilly, Manolo García, Relámpago, Cine, Teruel, Enfermedad, Relámpago II, Universidad, CSIC, Apendicitis, Pepo, Primer Piso, Irlanda, VWR, Huevito, Nuestro Piso, Play, Viajes, UNO, 22@, Boda, Bicis, Skydiving, .......

Los dos sentados en el sofá, viendo la televisión en silencio mientras devoran precipitadamente el contenido de sus respectivos platos. Durante decenios, la misma imagen cada noche: cena rápida en el sofá con la voz de las noticias de fondo.
Quizás parezca que esa pareja no tenga futuro, sin hijos, sin grandes ambiciones. Pero ¿para qué marcarse grandes metas si lo principal de una pareja es que tu compañer@ sea perfect@. Perfect@ no en el sentido de perfección; perfect@ en el sentido de alguien que te entiende, que te acepta y que te valora; alguien que incluso cree que te necesita para vivir, aunque no sea verdad. Perfect@ en el sentido de no buscar en ti más de lo que hay, lo demás sería mentiras, decepción, fractura.
No es cuestión de moldear a tu compañer@ si no de perfeccionar la convivencia, y que ésta sea lo más cercana a la felicidad que se pueda conseguir, sabiendo que siempre habrá altibajos en los que ambos tendrán que poner de su parte para superarlos.
Esta pareja ha vivido así años y años, lejos queda su boda, más lejos el día que comenzaron a convivir en el mismo piso, y mucho más lejano el momento del primer beso, del primer baile, del primer contacto visual.
Pero aunque han pasado años y años, ellos nunca han olvidado esos detalles y los guardan en su memoria como si de una nube de tags se tratara.

La cena se ha terminado. Él desaparece en la cocina y de nuevo vuelve a aparecer con una tarta en sus manos:

- ¡Felicidades cariño!
- Pensaba que ya no te acordabas.
- ¿Cómo me iba a olvidar? Es el aniversario de aquella boda de la que no esperábamos nada especial y nos encontramos con una gran cantidad de amigos que nos dieron la mejor noche de nuestra vida. Ojalá pudiéramos repetirla.
- ¡Cuando quieras!.

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