dijous, 19 de maig de 2016

Tkiero

Te vistes a toda prisa, como cada lunes, sin pensar demasiado en la ropa que te pones. ¿Actuarías de la misma manera sabiendo que éste es el último día de tu vida?
Escoges unos pantalones negros, una camiseta del mismo color y zapatos cómodos. Uno de ellos, ahora no lo sabes, pero en menos de una hora quedará abandonado en el arcén, al lado del carril bici en el que tropezarás antes de ser arrollada por el coche de un desconocido que a partir de ahora soñará contigo cada día de su miserable vida.
Finalmente la chaqueta, de cuero, también negra. Inconscientemente has elegido el peor color para desafiar al destino.
Metes las llaves de casa en el bolso. De repente, con la puerta de casa abierta y el ascensor subiendo, recuerdas que te has dejado el móvil. Lo encuentras en el lavabo, lo bloqueas y lo tiras dentro del bolso, sobre las llaves de casa con las que olvidas echar el cerrojo a la puerta, fruto de la precipitación que te provoca que te puedan quitar el ascensor. Tu pareja se dará cuenta de que no has cerrado bien la puerta cuando regrese a vuestro hogar. Comenzará de nuevo a llorar desconsoladamente, entre ataques de nauseas que amenazan con hacerle vomitar el corazón.
El móvil ya no lo utilizarás más, te habría dado igual dejártelo olvidado en casa, o tal vez no. La siguiente persona que lo desbloquea, un par de horas más tarde, lleva guantes en las manos. Está de pie junto la camilla en la que yace tu cuerpo, ahora frío, y pálido, excepto en las zonas de los hematomas. Uno de ellos, que cubre la zona occipital de tu cráneo, es mortal. Esa mujer, la forense, se quita los guantes para manipular tu teléfono. Tras desbloquearlo, en la pantalla le aparece el último whatsapp que enviaste. "Cuidado con el coche, tkiero". ¡Qué irónico! piensa la doctora. Mira a un lado y a otro para comprobar que es la única persona viva en esa sala. Busca "tkiero" en la conversación. Confirma lo que ya adivinaba, que cada día le envías el mismo mensaje a esa persona: "Cuidado con el coche, tkiero". Y ese ser tan querido por ti te contesta siempre "Descuida, yo tb tkiero". Sin embargo, casualmente, esta mañana no ha sido así. Por alguna razón se ha olvidado, o no lo ha creído conveniente, quizás pensaba contestar más tarde.

En esos momentos, en vuestra casa y entre sollozos, tu pareja también lee ese último mensaje, ese "Cuidado con el coche, tkiero". Siempre contesta, pero hoy no. Estaría hablando por el móvil cuando tú lo mandaste, el caso es que no lo vio. Al fin y al cabo se había convertido en un ritual mecánico, como un torero ateo que se santigua al salir a la plaza a torear. Ninguno de los dos pensaba que  ese mensaje hoy sería tan importante, que sería vuestra única despedida. Esta mañana ni siquiera habéis coincidido despiertos. Tu pareja comienza a maldecirse pero de pronto calla y observa la pantalla de su móvil. Piensa lo irracional, cree en un milagro. Estás conectada. ¿Y si...?

La doctora forense sigue con tu móvil en sus manos, dándole vueltas a tu mensaje, cuando de pronto algo cambia. Aquel ser querido, desde algún lugar desconocido, está escribiendo. Un nuevo mensaje aparece en pantalla:

"Yo tb tkiero"

Dedicado a la chica desconocida del otro día.

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