dilluns, 18 de febrer de 2013

La ciudad de los carritos de supermercado

Me gusta terminar mi jornada de trabajo mirando el mar. Siempre le pido a mi último cliente, un fijo, que me acerque hasta la playa del Bogatell. Hoy está nublado pero aún así seguro que la vista valdrá la pena.
Ha sido una noche de perros, entre mis fieles clientes he tenido que hacer un hueco a un desconocido que ha acabado siendo el típico mal nacido que solo se empalma pegando a las mujeres. Tuve que llamar a Jimmy para que le hiciese entender a ese hijo de puta que se había equivocado de sitio y de mujer. El tío se fue con la cartera vacía y una buena patada en los huevos. Yo en el intercambio recibí un ojo morado.

- ¿Por qué lo sigues haciendo? - pregunta Vicente mientras conduce.
- ¿Y a ti por qué te interesa? - contesto sin mirarle.
- Porque te aprecio.
- Si me aprecias no te preocupes tanto por mí. Yo escogí esta vida. Además, con la que está cayendo ¿te crees que puedo vivir de mi carrera, cobrando como una becaria? ¿o quizás trabajando en una tienda?
- Pero, ¿y tú orgullo?
- Mi orgullo estará tan jodido haciendo de puta como de becaria o dependienta. Y aquí gano mucho más.
- Me preocupas, Laura.
- Y a mí me preocupas tú, y también tu mujer y tus hijos.

Vicente se piensa que puede ser mi cliente y mi padre a la vez. Todo el mundo se piensa que puede tener un papel importante en tu vida cuando lo único que saben hacer es darte consejos baratos. En esta ciudad hay tantos psicólogos aficionados como carritos de supermercado llenos de chatarra. A parte de eso, Vicente es un buen tipo, paga bien y sus gustos son sencillos, los de cualquier padre de familia que busca en mí el amor que ya no le dan en su hogar. De esos también está lleno esta ciudad, de necesitados de amor, y también de hijos de puta obsesionados con humillar a los demás, como el miserable de esta noche.

Vicente aparca el coche un momento para que salga. Ni siquiera me despido, él ya está acostumbrado, pone el intermitente y vuelve a incorporarse al tráfico. Me quedo sola, como siempre he estado, observando el mar y rezando por no ver ningún carrito de supermercado navegando mar adentro.

3 comentaris:

Miguel Emele ha dit...

Buena historia, Wambas. Un abrazo.

A ha dit...

Me uno a Miguel!, me ha gustado concisa, bien escrita...
Besos grandes.

PD Va todo bien?

Wambas ha dit...

Gracias Miguel y Amparo.
Por ahora todo va bien, pero tengo la sensación de estar en un camino sin salida. Le tendré que dedicar un relato a ese sentimiento :)
Un abrazo a los dos

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