dilluns, 4 de març de 2013

Ahora o nunca

El hombre caminaba tranquilamente hacia su casa. Nunca volvía caminando pero esta vez se trataba de un día especial, el último día en su trabajo.
Diez años atrás también lo habían despedido por un final de contrato, pero las cosas eran diferentes, se trataba de su primer trabajo en el sector de la informática y aquel empleo le había servido para introducirse en el sector. No tardó más de tres meses en encontrar un nuevo empleo y desde entonces había sido él quien dejaba los trabajos para irse a otros más remunerados y de mejor categoría. Así, durante diez años.
Ahora llevaba más de seis años en esta empresa. Hacía mucho que no duraba tanto en una, desde los tiempos en que era administrativo en una empresa de alimentación. Y como en aquella ocasión, ahora también ve en la situación una oportunidad de cambio, de renacer profesionalmente.
Áquella vez el destino le hizo un guiño para cambiar de profesión; decidió que nunca más sería administrativo y se pasó al sector de la informática, comenzando desde el último escalón, desde la categoría más baja. Fueron un par de años de penuria económica, pero valió la pena. Aún recuerda la respuesta de su sobrino cuando él le animaba a estudiar, "para lo que te ha servido a tí..". Fueron momentos duros, pero salió a flote.
Durante cinco años se dedicó a subir pequeños peldaños hasta que encontró una empresa en la que se sentía a gusto y consideró que ya había llegado a donde quería estar. Nunca se quejó de su sueldo, la gente sabía que él estaba a gusto allí, a pesar de los dolores de cabeza del día a día en aquella profesión.

Hasta este día.
Ahora vuelve a casa soñando con lo que le puede proporcionar la libertad. Un nuevo cambio, que de nuevo se espera que sea duro y a menudo incomprendido. Habrá momentos de duda, de depresión y de miedo a haber tomado la decisión incorrecta. Pero es ahora o nunca, y él sabe que no puede dejar escapar la oportunidad, se lo debe a su familia.

1 comentari:

Miguel Emele ha dit...

Muy esperanzador. Hay que ser optimista que no hay Mariano que cien años dure, je, je. Un abrazo, Wambas.

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