divendres, 11 d’octubre de 2013

La caspa

- Adelante.
- Hola Jefe.
- Hola Jordi. ¿Qué querías?
- Bueno, es un tema delicado. Usted sabe que llevo trabajando aquí treinta y cinco años.
- Sí, claro. Has hecho un buen trabajo en estos años.
- Pues bien, al principio de entrar aquí me pidió que hiciera unas horas extras gratis cada mes por el bien del conjunto de la empresa. En todo este tiempo no me he quejado de esas horas extras, aunque he visto que la mayoría hacen jornada reducida, un par hacen las horas justas de trabajo, sus ocho horas, y sólo hay dos más que como yo hacen horas extras cada mes sin cobrarlas.
- ¿A dónde quieres llegar a parar?
- Pues que la cosa en mi casa ahora está muy mal, y necesito dejar de hacer esas horas extras o que se me paguen a un precio justo.
- Pero Jordi, ya sabes que todos trabajáis según vuestro convenio. Todos tenéis las horas que pactasteis a la hora de ser contratados. A ti ya te dijimos que tendrías que hacer horas.
- ¡Pero es que llevo treinta y cinco años así!
- No te quejes, que con el anterior jefe aún era peor.
- No compare jefe, aquel era un dictador, con perdón.
- No exagere, Jordi, don Francisco fue un ejemplo para mí, mi maestro.
- El caso es que necesito que cambie lo de las horas extras. O me las paga o me las quita.
- ¿Y si no?
- Si no cambia la situación no me quedará otra salida que irme de la empresa y ponerme de autónomo.
- ¡Ja!, ¿Estás loco? ¿En estos momentos de crisis crees que te puedes poner de autónomo?
- Considero que tengo suficiente experiencia y conocimiento del negocio como para hacerlo.
- Hazlo y ningún cliente te contratará. El gremio no te aceptará.
- ¿Por qué no me aceptará?
- Porque ningún elemento se puede marchar de las empresas del gremio y ser aceptado como un miembro más.
- ¿Dónde está escrito eso?
- No te aceptarán porque lo digo yo.
- Entonces entiendo que no me va a quitar las horas extras.
- Ahora no es el momento, Jordi.
- Durante treinta y cinco años nunca ha sido el momento.
- No puedo permitir hacer diferencias contigo. Los demás se sentirán discriminados.
- ¿Y yo no me puedo sentir discriminado?
- Vamos Jordi, que durante estos años nos ha ido muy bien a los dos. ¿Por qué vas a joderlo todo ahora?
- Porque no me deja otra alternativa. Estoy al borde de la quiebra y si no espabilo me voy a la mierda.
- Bueno, piénsatelo. Mientras tanto vuelve a tu sitio de trabajo.

El trabajador se va del despacho sin decir adiós. Pocos minutos entra la secretaria, muy nerviosa.

- ¿Qué pasa Alicia?
- Don Mariano, ¿qué sucede?, Jordi está recogiendo sus cosas y dice que se marcha.
- No tendrá huevos.
- ¿Pero por qué se va?
- ¡Dice que le tratamos mal y ahora se va sin ni siquiera intentar dialogar!
- Hombre, me ha dicho que tiene un problema económico muy grave y que se siente discriminado porque hace muchas horas extras en la empresa sin que se le paguen. Quizás se podría llegar a un acuerdo para remunerarle esas horas extras, compensárselas de alguna manera.
- ¿Qué pasa? ¿Tú también estás de su parte? Alicia, una palabra más y te vas con él.
- Perdone don Mariano, no quería ofenderle.

Alicia abandona el despacho haciendo unas cuantas reverencias peloteras a su jefe. Él no le hace ni caso. Baja la vista a los papeles que tiene en la mesa pero su atención se concentra en el polvillo blanco que hay encima de estos.

- ¡Maldita sea! Me voy a tener que comprar un champú de esos anticaspa, esto ya comienza a ser insoportable.

2 comentaris:

Miguel Emele ha dit...

Como la vida misma. Un abrazo, Wambas.

Anònim ha dit...

crecepelo leonardo

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