dimarts, 17 de febrer de 2015

Fiel

En aquella cama sólo había espacio para el amor con el que cubría a su pequeña en un abrazo protector. Antes aprovechaba ese momento para intentar  volar, luchaba por despegarse del mundo terrenal y ver el mundo desde otra perspectiva. Las pocas veces que lo consiguió, su mente dibujó mundos imaginarios con trazo grueso, pensando que ya habría tiempo para definirlos con precisión más tarde, aunque "más tarde" no llegaba jamás. Con suerte un par de ideas se salvaron de consumirse en el fuego del olvido. La mayoría de las veces, lo que en un principio le parecían argumentos geniales acababa rechazándolos desesperado por su incapacidad para darles vida, o porque finalmente no eran más que porquería vulgar y corriente.
Tardó en darse cuenta que lo que realmente valía la pena era vivir esos momentos. Sentir la respiración de aquella naricita, su pecho subiendo y bajando, el movimiento nervioso y a veces espamódico de las manitas, los rápidos latidos de aquel corazón que aún tenía que crecer considerablemente. Y el calor, sobretodo sentir el calor que emanaba de aquel cuerpecito. Finalmente, un día fue consciente de que pronto todo aquello pasaría y que era necesario guardarlo a buen recaudo en el rinconcito para las nostalgias que todos disponemos en nuestra memoria.

Algún día, con un poco de suerte, recordaría con alegría aquel amor que ella le había jurado eternamente. Seguramente de él dependería que ella mantuviera su promesa, pues la fidelidad no es un derecho si no un mérito.

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