dimecres, 24 de març de 2010

RAGNAROK (1 de 2)

Loki
Cada minuto, puntualmente, la víbora libera una gota de su veneno sobre el rostro del Dios cautivo.
Otra gota más, un nuevo estallido de dolor; pero el reo ya no se retuerce, se ha acostumbrado a sufrir. Loki padece el castigo al que le condenó Odín por asesinar a Baldr, el niño mimado de su reino. El orgulloso Dios mandó que ataran al asesino a un árbol gigante, usando como ligaduras las vísceras del propio hijo de Loki. En el árbol dispusieron una víbora que eternamente castiga al prisionero echándole su veneno sobre la cara.
Con el tiempo, Loki ha conseguido mover su cuerpo lo necesario para que las gotas del ácido del veneno resbalen de su rostro a las ataduras; poco a poco, estas se van quemando. Su rostro ya no es más que un amasijo de carne desfigurada sin ojos, nariz ni labios. Sus dientes descarnados se muestran en una mueca cómica, como si sonriera con cada gota que le tortura. En cierto modo así es, pues Loki sabe que cada gota le acerca a la libertad…

Año 2010 de la era cristiana. En Noruega, un glaciar inmenso se derrumba - por efecto del calentamiento global según los entendidos - desde el pico más alto de la cordillera de Jotunheimen. Los vikingos creían que esa cordillera era el lugar donde Aesgaard, la tierra de los dioses, se unía, mediante el puente del arco iris, a la tierra de los humanos, Midgard. Jotunheimen significa morada de gigantes, pues éstos duermen congelados bajo los grandes glaciares, esperando el momento cuando despertarán para la batalla final contra los dioses. Entre las toneladas de hielo desmoronado aparece lo que podría ser un hombre, si no fuera por el hecho de que ningún ser mortal podría sobrevivir a semejante alud. No tiene rostro, su cabeza asemeja un muñón de carne, pero poco le importa, pronto tendrá suficiente poder como para transformarse en cualquier forma de vida; se abre camino entre el hielo, su paso, poco a poco, se va haciendo más firme. Loki ha recuperado la libertad, ahora tan sólo desea venganza. Ha llegado el momento del Ragnarök, el ocaso de dioses, gigantes y humanos.

Pocos días después de este suceso, Odín reúne a sus hijas guerreras, las valkirias, en su palacio de hielo. Tiene que anunciarles una noticia muy importante:
- Loki ha conseguido liberarse y ha escapado a Midgard. Ahora se esconde entre los humanos. Necesito que lo encontréis antes de que consiga reunir a los espíritus del fuego. Ya conocéis lo que pasará si lo consigue.
- Comenzaría el Ragnarök mi señor. – dice Brunilda, su favorita.
- Sí, pero antes necesita encontrar la puerta del infierno, para poder llegar hasta los espíritus.
- ¿Y ya sabe dónde está esa puerta?
- Lo dudo, pero sí sabe que la puerta se halla en el corazón de un humano, el puente entre Midgard y Hel, la tierra de los humanos y el infierno. Si consigue apoderarse de ese corazón tendrá la llave para entrar y salir a su antojo del averno.
- ¿Y dónde está ese humano, mi señor?
- Ni siquiera yo lo sé exactamente, aunque he conseguido acotar bastante la lista de candidatos. Desde el primer humano, todos los primogénitos varones han heredado este don de alma puente. Cuando los vikingos dominaban Midgard conseguí descubrir que tal don recaía sobre Erik el Rojo, pues el señor del averno quiso apropiarse de él cuando este ya se sentaba a mi mesa en el Valhalla, nunca le permití llevárselo. Pero la capacidad de Erik para violar y seducir me hizo imposible seguir su linaje. Su primogénito podría ser cualquiera de los hijos bastardos que pudo dejar. El hombre que buscamos se encuentra en una lista de siete candidatos. El problema es que tendréis que dividiros para vigilar a cada uno de ellos hasta que Loki aparezca. Cuando eso ocurra, apresuraos en avisadme para que os pueda enviar refuerzos, es vital atrapar a Loki antes de que pueda cruzar el puente al infierno. Si lo consigue, nadie podrá parar su avance hacia Aesgaard seguido por los espíritus del fuego y los gigantes del hielo.

Un par de años después, en Midgard:
Corría el mes de diciembre, hacía demasiado frío incluso para esa época del año, tratándose de Barcelona. Yo había salido esa noche de fiesta, a regañadientes pues aún tenía demasiado reciente mi ruptura con la que había sido mi pareja durante los últimos cuatro años. Mis amigos me habían convencido finalmente para ir a tomar algo al Café de Les Arts. El bar estaba lleno de gente, casi no se podía llegar a la barra. Un golpe de suerte sucedió justo cuando llegamos a ésta, se iban un par de parejas que acababan de recoger sus consumiciones. Conseguimos aposentarnos justo al lado de tres rubias impresionantes a las que un grupo de niños de papá estaba asediando. Los niños pijos no tardaron en rendirse al ver que las bellezas no sucumbían al brillo de sus sonrisas Profident; aprovechando la oportunidad, mi amigo David hizo un intento a la desesperada. Sinceramente, en ese momento pensaba que se estaba suicidando, esas chicas eran palabras mayores. Me recordaba a esas escenas de los rodeos, cuando un vaquero intenta montar un animal de quinientos quilos el máximo de tiempo posible. Yo no le daba ni un segundo, pero, para mi sorpresa, David aguantó mucho más, tanto que comenzó a presentarnos las chicas a todos. Se trataba de tres danesas que vivían en Barcelona desde hacía muy poco tiempo. Eran estudiantes, el caso es que no dijeron qué narices estudiaban, tampoco nos importaba. Yo conseguí hacerme simpático con una de ellas al comentarle que había visitado su ciudad natal. Hablaban muy bien el castellano y, de hecho, les molestaba que les habláramos en inglés. Cuando ya le estaba encontrando el gustillo a la conversación, el bar encendió las luces, era la hora de marchar a otra parte.
- Nos vamos a La Fira, ¿os venís? - me dijo Mette, la chica a la que había caído simpático.
- Bueno, tenemos que hablarlo con nuestros amigos, a ver qué les parece.
Tras una dura negociación, David consiguió convencer al resto de amigos para ir a La Fira. Cuando llegamos, las volvimos a encontrar en una de las barras. David fue directo a ellas, y, tras un rato conversando con ellas, me hizo gestos para que me acercara. Cuando estuve a su lado me dijo:
- Querían que te pidiera que te acercaras. Ha sido tu amiga Mette. – David aprovechó para hacerme un guiño de complicidad.
De pronto, la rubia más espectacular entre las tres, Ilda, me preguntó:
- ¿qué edad tenéis?
- los dos tenemos la misma edad, treinta y cinco años. ¿Y vosotras? –se las veía en una edad en la que no les debería molestar esta pregunta.
- ¿qué edad crees que tenemos? – dijo Anne, la chica más cercana a David.
- Unos veinticinco años.
Las tres estallaron en carcajadas, unas carcajadas muy sensuales por cierto. Entonces Ilda, se besó la punta del dedo índice y a continuación posó este dedo sobre mis labios. Mientras lo hacía pude apreciar un brillo especial en sus ojos, algo sobrenatural.
- Tenemos bastante más que veinticinco años, no os vamos a decir cuántos. – dijo ella.
Yo no supe mantener mi boca cerrada y le contesté, intentando ser galante: - Tengo amigos que aseguran que las mujeres danesas, por encima de los veinticinco años van perdiendo su belleza natural. Vosotras estáis en todo vuestro esplendor. – Al momento me di cuenta que mi comentario había sonado completamente estúpido.
- Esos amigos tuyos no tienen ni idea. – contestó rápidamente Ilda.
Poco más tarde, nos dijeron que se marchaban, y nos invitaron a ir con ellas. Las cuentas no nos salían, ellas eran tres y nosotros dos. Ninguno de nuestros amigos se había atrevido a acercarse, con lo que no nos quedaba más remedio que repartirnos el botín de forma desequilibrada. David estaba eufórico pensando en lo bien que podía acabar la noche. Yo estaba acojonado, no me podía creer que aquellos ángeles se hubiesen fijado en nosotros. Salimos del local y paramos un taxi monovolumen que en esos momentos pasaba por allí (otro detalle de la suerte que estábamos teniendo esa noche). Las danesas le dijeron al taxista su dirección y el coche arrancó hacia su destino. Ninguno de nosotros se fijó en la figura que nos espiaba desde las sombras de la esquina más cercana.
La casa de las chicas era todo un ejemplo de minimalismo, su único motivo decorativo era una estatuilla en madera de un cuervo negro.
- ¿Qué representa ese cuervo? – les pregunté
- Es una representación de Odín. – contestó Ilda
- ¿El dios vikingo?
- El mismo, era el dios de nuestros antepasados, y muchos nórdicos seguimos creyendo en su existencia y su poder.
Yo alucinaba, mientras David comenzaba a besarse con Anne. Noté que alguien me abrazaba por la espalda, se trataba de Mette, noté el cálido aliento de su boca sobre mi oreja derecha y el vello de la nuca se me erizó de placer. Entonces Ilda se acercó a mí, en ese momento, Mette le dijo algo en una lengua que yo no entendía, supongo que danés, parecía enfadada, pero Ilda la hizo callar, ella era la que mandaba, estaba claro.
Ilda se movió entre David y yo durante toda la noche, mientras Mette y Anne siguieron fieles a sus elecciones iniciales. Aunque hubiese vivido siglos nunca podría olvidar esa noche, esos cuerpos fibrados, atléticos, y a la vez tan femeninos y sensuales. Fueron unas cuantas horas de placer, hasta que el sol nos saludó por las ventanas, y entonces nos dormimos, con los cuerpos entrelazados, en un caos de miembros. En aquel momento no sabía que el mundo se estaba acabando y que esa podía ser una de mis últimas noches de placer, ¿o quizás la última?. Tampoco sabía en ese momento que acababa de tener relaciones sexuales con dos valkirias algo mayores que yo, digamos que ellas tenían unos pocos miles de años más. Eso sí, su apariencia era la de mujeres bellas como auténticas diosas. ¿Por qué nos habrían escogido a nosotros dos? Pronto lo descubriría.

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