dilluns, 29 de març de 2010

RAGNAROK (2 de 2)

leer primera parte

Aquella mañana almorzamos con ellas, y cuando íbamos a marcharnos nos detuvieron.
- No podéis marcharos todavía, aún podemos disfrutar mucho más. –dijo Ilda
- No nos malinterpretéis, ha sido una noche genial, pero es que debemos irnos, tenemos otra vida ahí fuera y es hora de volver a recuperarla. – Dijo David
- Tú puedes marcharte, si quieres, pero él no – dijo Ilda señalándome a mí.
Yo me quedé estupefacto. ¿Qué estaba pasando?
- Yo no me quedo aquí solo, David. Yo me voy contigo. – comenzaba a estar asustado.
- ¿Pero no te lo pasaste bien esta noche? – me preguntó Mette.
- Claro que sí, creo que nunca lo había pasado tan bien. Pero ahora estáis hablando de secuestrarme.
- Lo hacemos por tu bien – dijo Ilda
- ¿Por mi bien?
- Corres peligro. Te estamos protegiendo.
- ¿Protegiendo…de quién?
- De Loki.
- ¿Loki? ¿quién coño es Loki? – intervino David.
Las valkirias entonces nos explicaron, ante nuestra incredulidad, todos los detalles sobre el Ragnarök. Loki se había escapado de su castigo eterno, y planeaba invadir Aesgaard, la tierra de los dioses nórdicos, con una tropa de espíritus infernales y de gigantes de hielo. Su primer objetivo era entrar en Hel, el infierno, y reunir su tropa de espíritus del averno. Si lo conseguía, se produciría el Ragnarök, lo que nosotros llamamos Apocalipsis, y el mundo, tal como lo conocemos, sería destruido. Dioses, gigantes y humanos serían exterminados, una nueva era universal comenzaría de cero.
David y yo nos miramos con la boca abierta, estábamos alucinados.
- ¿Y qué tengo yo que ver con Loki? – pregunté
- Tú eres uno de los descendientes de Erik el Rojo, y por lo tanto es posible que seas la puerta al inframundo. En ese caso, si Loki te arrancara el corazón y se lo comiera, podría entrar en Hel y volver a la tierra con los espíritus del fuego.
- ¿mi..mi..mi corazón?
- Bueno, sí, tu corazón…y tus ojos. Con los que podrá guiarse por el inframundo.
- ¿y mis..mis..ojos?
- Sí, y quizás necesite tus manos y tus pies, eso ya no lo sabemos.
Entonces, David me cogió de la camisa y me llevó a una de las habitaciones. Cerró la puerta y se giró a hablarme:
- ¡Tú no hagas ni caso!  Estas tías están muy buenas pero también están locas de atar. Tenemos que largarnos cuanto antes…¿no te habrás creído esas gilipolleces?
- Bueno, no sé, quizás un poco. La verdad es que estoy algo acojonado. ¿Has oído que alguien me quiere arrancar los ojos y el corazón, y quizás las manos y los pies?
- Sí, claro, Loki, el dios del mal, ¡no te jode!  Pero tranquilo que Thor vendrá y te protegerá con su martillo Mjölnir.
- ¿Thor?
- Pero bueno, ¿tú nunca leíste los cómics de los Vengadores?
- No, pero conozco a Spiderman y a Hulk.
David suspiró.
- ¡Anda!, ¡larguémonos!
Ambos amigos salieron de la habitación y se dirigieron sin mediar palabra hacia la puerta de la casa, pero cuando la fueron a abrir, ésta se encontraba cerrada con llave. Las chicas habían desaparecido.
- ¡Dejadnos salir! – exigió David.
De pronto, las tres chicas aparecieron por una de las puertas, esta vez iban vestidas con ropas guerreras y con cascos. Llevaban unas espadas impresionantes envainadas sobre los cinturones.
- No – dijo Ilda, con una voz que no dejaba lugar a la discusión.
- Está bien, David, yo me quedo. Dejad marchar a mi amigo – decidí negociar.
-¡Muy bien!, tu amigo se puede marchar, él no es importante. Tú tienes que seguir con nosotras hasta que descubramos a Loki. Si lo prefieres pensar así, eres nuestro cebo. En algún momento él tendrá que venir a por ti, y entonces nosotras lo detendremos. – explicó Ilda
- La verdad es que no me apasiona mucho la idea de ser un cebo.
Me despedí de David, él me abrazó y me susurró al oído:
- No te preocupes, me voy directo a la primera comisaría de policía que encuentre.
- De acuerdo, a ver si puedo llegar a cenar en casa, y a estas tías las encierran en un manicomio.
Las danesas abrieron la puerta y dejaron marchar a David. Allí me quedé yo, sólo, en el centro de la sala de estar, mientras las guerreras me miraban fijamente, de pie, con sus hermosas piernas flexionadas en posición de tensión, como si esperaran un ataque en cualquier momento. No entendía nada, ellas seguían en silencio, hasta que un par de minutos más tarde, el timbre de la casa sonó. ¿Quién sería? Anne abrió, era David, que había vuelto…pero había algo extraño en él.
- Me he dejado el móvil. Dejadme entrar. – dijo, con una voz neutra, mientras nos miraba a los cuatro, uno por uno, como si estuviera estudiando la situación. Adelantó un paso, decidido, aunque Anne, le interceptaba el camino con pose desafiante.
- ¿Dónde crees que vas? – dijo ella – Ya voy yo a buscártelo pero tú no vas a entrar. ¿Dónde lo dejaste?
- David, miró hacia el techo, parecía que estuviera intentando recordar dónde había dejado el móvil.
- No lo sé, no me acuerdo, déjame que entre a ver si así me es más fácil recordarlo.
La valkiria se mantuvo firme en su posición, David no pudo avanzar ni un paso más.
- No, tu no puedes….
Anne se desplomó sobre el suelo como un saco, de su pecho sobresalía el mango de un puñal. Las valkirias sacaron sus espadas, mientras David se introducía en la casa y corría hacia mí con los brazos por delante, las manos abiertas, parecía que me quisiera abrazar. Sus ojos estaban inyectados en sangre, no era él, estaba poseído.
Ilda consiguió interponerse entre David y yo, espada en mano, lanzándole un mandoble a mi amigo, que este esquivó con una agilidad felina, saltando hacia atrás con un impulso sobrehumano. No sé cómo, de otro salto se subió al techo, y comenzó a caminar por encima de nuestras cabezas, la fuerza de la gravedad parecía no importarle mucho. Las valkirias siguieron su acoso sin alejarse demasiado de mí. Anne permanecía inmóvil en el suelo, sobre un charco de sangre, con los ojos desmesuradamente abiertos, al igual que su boca.
- ¡Dadme al humano!, no tenéis por qué morir vosotras. Decidle a vuestro señor que conseguí escapar y salvareis la vida. Si me desafiáis os tendré que matar, y es una pena, sois tan hermosas….
Al decir esto, David, o quien quiera que fuese, puso cara de lascivia; de estar yo en el lugar de las chicas tampoco me habría rendido, por miedo a la represalia que aquel ser hubiera podido tomar. Seguro que era preferible morir a sufrir sus caprichos.
Mette soltó un ataque con su espada, pero David lo esquivó saltando desde el techo, yendo a caer detrás de la valkiria. Con un movimiento increíblemente rápido, le cogió la cabeza a la pobre chica y se la giró hasta romperle el cuello. Ya sólo quedábamos David, Ilda y yo.
- Ponte detrás mío – me ordenó ella.
En ese momento, David se puso a dar vueltas delante nuestro como un león calculando su próximo ataque, no dejaba de observarnos.
Ilda comenzó a susurrar algo rítmico, parecía un cántico religioso. David seguía imperturbable, haciendo caso omiso de las palabras de la valkiria, de vez en cuando sentía sus ojos sobre mí, analizándome. No tenía ninguna duda de que ese no era mi amigo, algo o alguien se había apoderado de su cuerpo. De repente, dejó de dar vueltas para agacharse al lado de Mette..¿qué iba a hacer? . Comenzó a manosear el cuerpo inerte, a quitarle la ropa, ¿acaso pretendía profanar el cuerpo de la valkiria delante nuestro? ¿se trataría de una estrategia para desconcentrar a Ilda de sus cánticos?
La valkiria comenzó a subir el tono de sus plegarias, mantenía los ojos cerrados, pero quedaba claro que de alguna manera percibía lo que estaba pasando en esos momentos. La oscuridad comenzó a apoderarse de la casa, eché un ojo al exterior a través de una de las ventanas y observé que unas nubes muy oscuras tapaban el cielo que momentos antes había estado completamente despejado con un sol radiante. Un relámpago resplandeció en medio de la estancia, iluminando brevemente a David fornicando el cadáver de Mette. La imagen de ese acto de necrofilia casi me hace vomitar. Pobre Mette, no merecía ese final, y lo peor es que nosotros no podíamos hacer nada por evitarlo. Un trueno retumbó dentro de la casa, que vibró como si se tratara de un terremoto. Entre David y nosotros comenzó a aparecer una nueva figura, con un casco alado y un martillo en sus manos. El fornido guerrero de melenas y barbas rubias se puso en guardia nada más materializarse.
- ¡No tienes escapatoria Loki! – le dijo el recién llegado a David, que no cesaba de moverse sobre el cuerpo de Mette, haciendo caso omiso de la nueva presencia. Tardó unos segundos en contestar entre jadeos:
- ¡No, Thor!, esta vez no iré a ninguna parte. Aquí tu poder es limitado, como el mío, nuestra batalla será equilibrada. ¿Te atreves a luchar conmigo en una situación de igualdad?, lo dudo, en el fondo eres tan cobarde como yo…la diferencia es que yo soy mucho más listo.
- ¡Basta ya! – Thor lanzó su martillo a David, mejor dicho, Loki, pero éste lo esquivó echándose ágilmente a un lado del cuerpo inerte y desnudo de la valkiria. El dios vikingo dejó su poderoso brazo extendido, esperando que el martillo volviese a su mano, pero éste, que había abierto un importante cráter en el suelo de la vivienda, no volvió, debía ser por la merma de poderes de la que había hablado Loki. Éste se abalanzó con la espada de Mette sobre Thor, pero el dios del trueno era mucho más difícil de vencer que la más poderosa de las valkirias, y de una poderosa patada rechazó a su atacante, que se fue a estampar contra una pared.
Ilda aprovechó la oportunidad para asestarle un golpe mortal a Loki con su espada. La hoja atravesó el pecho de aquel ente maligno…y entonces Loki desapareció dejando una nube de humo en su lugar.
- ¿Ha muerto? – pregunté
Thor ni me miró, se fue a buscar su martillo, supongo que para él no era más que un simple mortal.
- No, el mal no puede morir – dijo Ilda -, como tampoco puede morir el bien. Ambos somos eternos y sólo así podemos mantener el equilibrio. Loki no tardará en volver a materializarse de nuevo, y seguirá buscando a aquel humano que sea la puerta a Hel. Seguramente volverá a empezar en el punto donde lo dejó, es decir, por ti.
- ¿Y qué voy a hacer?
- ¡Te vienes a Aesgaard!, es el único sitio donde puedes estar seguro. – contestó Thor, que ya había recuperado su martillo Mjölnir y parecía estar de mejor humor.
- Pero yo tengo mi vida aquí.
- No puedes comparar tu mundo lleno de miserias con nuestro mundo perfecto. Allí podrás convivir con dioses y guerreros, con las mujeres más perfectas que jamás has podido imaginar. Nuestra cerveza supera a cualquier cerveza vuestra. Te enseñaremos a ser uno de los nuestros.
Thor resplandecía cuando hablaba de las maravillas de Aesgaard, y yo mismo comenzaba a salivar pensando en mujeres y cerveza por doquier…cuando de repente el cielo se volvió a oscurecer. El aire se había vuelto gélido como un glaciar, y de pronto, había comenzado a nevar, si es que se puede decir nevar a la caída de copos negros. La nieve era oscura, parecía ceniza helada.
- ¡Por Odín!, ¡no puede ser!, Loki nos ha tendido una trampa. – y tras decir esto, el dios del trueno y del rayo salió volando por la ventana. Allí nos quedamos Ilda y yo, junto a los cuerpos sin vida de Mette y Anne. La hermosa valkiria estaba pálida.
- ¿Qué ha querido decir? – pregunté yo.
- Creo que Loki ya sabía quién era la llave al infierno, y no eras tú. Nos ha hecho pensar que así era para desviar nuestra atención de su objetivo real. Esta tormenta de nieve negra presagia lo peor: Loki debe haber entrado en el infierno. Ya nada detendrá el Ragnarök.
El rostro de Ilda estaba inundado de lágrimas. La abracé. En esos momentos no sabía que más podía hacer. Así nos quedamos, abrazados el uno al otro, de pie, esperando que pasara algo.

Han pasado algunas semanas desde ese momento. Ilda volvió a Aesgaard, yo le había pedido que se quedara conmigo, que quizás la tierra no se viera afectada por todo aquello, pero ella me dijo que tenía que afrontar su destino.
- Primero caerá Aesgaard, y después la destrucción llegará a la tierra. – dijo antes de volver a su hogar.
Me imagino que se refería a lo que ha estado pasando estos días. Los hielos del polo norte se han fundido por completo, los mares han inundado los continentes, y sólo los que hemos podido alcanzar las montañas nos hemos salvado, no sé por cuanto tiempo. El mundo, tal como lo conocíamos, ha desaparecido. Los que sobrevivan a los desastres naturales y a la violencia entre los propios humanos por la supervivencia, tendrán que forjar un nuevo mundo desde cero. Yo estoy aislado en una cueva en las montañas, tan sólo un fuego cercano a su extinción me protege de los lobos que me asedian fuera. Sé que en el momento que este fuego se apague, sólo la espada de Mette me protegerá, y, si hace falta, me puede servir para darme fin antes de que lo hagan las alimañas.

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