diumenge, 18 d’abril de 2010

Bentalha

22 de septiembre de 1997, Bentalha, 15 km. al sur de Argel

   Ya casi era medianoche y continuaba haciendo mucho calor, demasiado incluso para alguien acostumbrado al calor húmedo de la costa argelina, tal como era el caso de Fátima. Tras permanecer una hora en la cama sin poder pegar ojo se levantó, se vistió y salió a dar un paseo por las calles del vecindario. Siempre solía hacer el mismo ritual cuando sufría de insomnio. Esperaba poder relajar su mente paseando por las tranquilas calles, así luego le sería más fácil caer dormida, esto solía darle resultado.
   Mientras paseaba se dio cuenta que las fachadas de algunas de las casas de sus vecinos tenían una pequeña marca de pintura roja cerca de la puerta. Le pareció muy extraño, llegando a pensar si no serían señales entre ladrones para indicar las casas propicias para un próximo robo, pero rápidamente descartó esa idea, jamás se habían producido robos en Bentalha, excepto casos muy aislados. Siguió caminando, oliendo el aroma de los naranjos cercanos, y afinando el oído para enterarse de aquellas discusiones que sus vecinos intentaban ahogar bajo el sonido de la televisión. Otro hecho extraño se dio entonces: se escuchó el sonido de un helicóptero volando por encima del pueblo, debía volar alto pues apenas se oía.
   De pronto, un grito desgarró la tranquilidad de la noche, y a este se unieron otros gritos; daba la sensación que una jauría de chacales había llegado al pueblo. Nuevos gritos, esta vez de terror, se sumaron a los anteriores. Fátima se quedó paralizada en medio de la calle mientras veía aparecer desde la oscuridad a una multitud de sombras armadas con ametralladoras, pistolas y machetes. Vio como se diseminaban, unos entraban en las casas marcadas con pintura, mientras otros seguían corriendo en su dirección. Ella no conseguía despegar sus pies del suelo, su mente no podía pensar, las piernas le pesaban toneladas; antes de que pudiera reaccionar recibió el disparo de un asaltante, escondido bajo un pasamontañas, que le había disparado a escasos metros de distancia. La bala le impactó en el hombro izquierdo, tirándola al suelo mientras aullaba de dolor; quedó boca abajo mientras los hombres pasaban de largo sin comprobar si ella seguía viva. Levantó la cabeza lo máximo que le permitió el dolor y pudo ver como los asaltantes sacaban de las casas marcadas a hombres, mujeres y niños. A los primeros les cortaban los miembros a machetazos, a los últimos los mataban sin contemplaciones estampándolos contra las paredes de sus hogares y rematándolos a tiros. Las mujeres eran tiradas al suelo y allí las violaban o las mataban directamente, según el capricho del agresor de turno. Los habitantes de las casas no marcadas ni siquiera encendían las luces, parecía que dichos hogares estuvieran deshabitados; por la imaginación de Fátima cruzó la idea que seguramente esos vecinos habrían marchado sigilosamente del pueblo poco antes del ataque. La chica se dio cuenta que el pueblo había sido víctima de un ataque totalmente planeado, seguramente por terroristas integristas del GIA o del FIS. Así pasó unas horas que se le hicieron eternas, hasta que vio varias mujeres acercándose, una de ellas era su amiga Nacira. Fátima comenzó a alertarle en voz baja para que se alejara, pero Nacira no le oía, se agachaba delante del cuerpo inerte de una mujer, y de pronto Fátima vio como arrancaba un collar del cuello del cadáver. Fátima no pudo ahogar un grito de sorpresa…que Nacira oyó; un segundo después posaba sus ojos en su antigua compañera, ahora herida.
- ¡Esa está viva!, ¡Esa está viva!
   Varios asaltantes se giraron y comenzaron a caminar hacia Fátima. Ella, con gran esfuerzo y dolor, se levantó y empezó a correr hacia las afueras del pueblo. Tenía unos cuantos metros de ventaja. Ninguna de las mujeres intentó detenerla, Fátima ni siquiera pensó en ese hecho, sólo se concentraba en correr aguantando el gran dolor que sentía en todo su lado izquierdo. Un par de minutos después llegaba a los límites del pueblo, y ante su vista se mostraban decenas de vehículos militares. Por un momento, Fátima pensó que los militares acababan de llegar y ella podría salvar la vida. Pero no tardó en darse cuenta que los vehículos estaban inmóviles, y sus ocupantes miraban tranquilamente desde el interior lo que estaba ocurriendo. Nadie salió a rescatarla, ni siquiera cuando sus asesinos le daban alcance y la arrastraban de vuelta al pueblo mientras ella gritaba desesperada, sabedora de su destino.
   Fátima apareció al día siguiente degollada, alrededor de cuatrocientos de sus vecinos murieron también aquella noche. Nunca se supo si los culpables fueron los integristas del GIA, o escuadrones de la muerte cercanos al gobierno argelino, o el propio ejército argelino haciéndose pasar por integristas islámicos para desacreditarlos.
   La guerra civil que arrasó Argelia en los años noventa, costó la vida de entre 150000 y 200000 personas. Fátima es un personaje inventado, pero estoy seguro que su historia ficticia es superada con creces por la terrible realidad que se sufrió en Bentalha esa noche, y en muchos pueblos más en otras muchas noches durante aquellos años de terror.
   Las guerras siempre las desatan los poderosos y las sufren los inocentes.

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