divendres, 18 de març de 2016

Qué fue del himno de la alegría

En la televisión aparecen los ministros europeos reunidos para hablar de cuotas a un tercero, a Turquía.

En mi mente veo el día que España entró en la Unión Europea. Uno de enero de 1986. Aquella Nochevieja no dejaba de sonar el himno de la alegría en la televisión, y las imágenes mostraban constantemente la bandera de los doce.
Alemania ha pactado por su cuenta un acuerdo con el gobierno turco: miles de millones de euros y visados a cambio de que ellos hagan el trabajo sucio. Los europeos nunca han sido de mancharse las manos. 
Francia, que no ha sido consultada, está molesta con Alemania, igual que Chipre, que no acepta pactos con su enemigo de siempre. Pero al final se hará lo que Alemania ha pactado porque no hay más remedio, según esos ministros dicen. La situación es desesperada.

Nos emborrachamos hablando de una Europa sin fronteras; no solo económicas, también culturales. Poder trabajar y estudiar en empresas o universidades de toda Europa. ¡Qué necios! Creímos que aquella Europa de los doce finalmente se convertiría en la Europa de las regiones, todos bajo una bandera y un himno, el de la alegría.
Ahora cambia la imagen, se ven ríos de seres humanos caminando por el barro, bajo la lluvia. Padres con hijos sobre los hombros, otros con las pertenencias a la espalda.

Todo comenzó a ir mal cuando llegaron las ayudas europeas. El dinero que debía servir para modernizar España desaparecía en los bolsillos de terratenientes y defraudadores. No importaba, había dinero de sobras. Las ayudas a la duquesa de Alba, el fraude de los cultivos de lino, falsos cursos de formación...

Un representante de la UE hace un llamamiento a esas personas que huyen de Asia y desean entrar en Europa. Les dice que aquí no van a poder quedarse, que se vuelvan a sus países. Incluso se afirma que Siria ya está pacificada en gran parte de su territorio y los desplazados pueden volver sin problemas.

En los noventa, en los Balcanes, a las puertas de la Unión Europea, croatas, serbios y musulmanes se masacraban en una guerra cainita. La Unión fue incapaz de intervenir, tuvo que ser Clinton y los Estados Unidos quienes forzaron finalmente una solución, tarde, 
en Bosnia ya se había realizado una auténtica limpieza étnica. Millones de personas fueron víctimas directas de sus vecinos, pero indirectamente la Unión Europea también fue culpable, lavándose las manos en aquella guerra. Los campos de concentración habían vuelto a aparecer en Europa y los líderes europeos miraban hacia otro lado.

Se ven imágenes de un campo de refugiados en Grecia. Los nuevos campos de concentración. Niños buscando en la basura cualquier cosa que pueda alimentar las hogueras. Mujeres corriendo hacia el camión de suministros, deben darse prisa si no quieren quedarse sin comer hoy.

Llegó la gran crisis económica y en ese momento la Unión Europea se convirtió en una especie de cobrador del frac en versión moderna: los famosos hombres de negro que obligaban a los países endeudados a cumplir medidas económicas draconianas que llevaron a miles de familias de clase media a la pobreza. Esta vez la Unión sí intervino activamente, exprimiendo a las poblaciones a cuyos gobiernos dejaron durante años lapidar los créditos que recibían. Amenazaron con echar fuera de la Unión a aquellos que no cumplieran con aquellas medidas extremas. 


Ahora, en la televisión, aparecen las imágenes de unos hinchas del PSV holandés de fútbol humillando en Madrid a unas gitanas rumanas. Seguramente se creen una raza superior, incluso superior a los españoles a los que deben ver también como otro tipo de gitanos, más modernos, pero también seres inferiores y perezosos. Uno de esos españoles perezosos, el menos cobarde de todos los que observan la vergonzosa escena, les recrimina su comportamiento. Los holandeses de raza aria se ríen en su cara y siguen a lo suyo. Las gitanas se dejan humillar a cambio de un billete de cinco euros.

La Desunión Europea provoca nauseas. Amenaza con echar a Grecia mientras se baja los pantalones ante Gran Bretaña para que no se vaya. Ha maltratado a la clase media en los países del sur, ahora es incapaz de encontrar una solución para el problema de los refugiados asiáticos (sirios, afganos, iraquíes). Francia, Alemania y Gran Bretaña actúan cada uno por su lado defendiendo únicamente sus propios intereses. Los países antes comunistas del Este, como Hungría o Polonia, son un agujero por el que se ha colado el virus de la extrema derecha que ya ha infectado la mayoría de países de Este a Oeste, de Norte a Sur. 
¿Acaso hay algún país de la Unión Europea que se merezca un respeto?  ¿que sea un ejemplo a seguir?

No sé vosotros pero, personalmente, no me motiva nada formar parte de la Europa neonazi que se está gestando.

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