dimecres, 10 de febrer de 2016

Una loca historia de política española


El día que Pedro Sánchez tomó posesión de su nuevo cargo como presidente del gobierno español se desencadenó el apocalipsis. Los pocos analistas considerados neutrales que sobrevivieron a la catástrofe, años más tarde asegurarían que la culpa había sido de Ciudadanos. Estos habrían propiciado el pacto entre PP, PSOE y ellos mismos para que el nuevo presidente del país fuera el candidato socialista. Ciudadanos rompía así su juramento sagrado de jamás apoyar un gobierno de ******** y de ese modo habrían abierto un agujero del tamaño de un botón en el espacio-tiempo. Sin embargo esta teoría pseudo-científica jamás se llegó a demostrar, como no se pudo demostrar que la infanta Cristina fuese ********. Ni tampoco se llegó a probar que el PP hubiera eliminado todas las pruebas que confirmaban que todo el partido estaba al tanto de los *********** de Bárcenas y por lo tanto todos, incluso la inmaculada Rita Barberá, eran ********. Como anécdota apuntar que todos aquellos presuntos ******** salvaron la vida en aquel momento terrorífico, lo que según algunos confirmó que Dios era justo, aunque otros discreparan por completo afirmando que, o Dios no ****** o, en caso contrario, era un autentico ******. 
Fuera como fuese, el caso es que el apocalipsis azotó la península entera tras llover de la nada millares de bombas por todo el territorio, que destruyeron hasta los cimientos ciudades y pueblos, comisarías, iglesias y colegios. Los de siempre clamaron que el culpable había sido ***, los xenófobos dijeron que ISIS, los periodistas del Mundo y ABC dijeron que era cosa de independentistas, a pesar de que las bombas habían caído también en sus propias regiones. Nadie se ponía de acuerdo. Hasta que de nuevo medió Ciudadanos en el conflicto y al final todos los que tenían algo que decir, aunque fuera mentira, aprobaron que ***, ISIS e independentistas eran el mismo perro pulgoso con distinto collar. La venganza fue terrible. El expresidente del gobierno ****** ********, que ya tenía experiencia en el tema, cooperó en la creación de un grupo ******** que comenzó el ************* de los indeseables. A estos se les reconocía fácilmente por sus señas de identidad: vestir chilaba, llevar pañuelo, txapela o barretina en la cabeza, hablar con un acento similar al de Buenafuente, Otegi o Zidane, ir al campo de fútbol a animar el Barça o el Athletic, no morirse de risa viendo Ocho Apellidos...la que sea. Había infinitas formas de descubrirlos. También el gobierno acabó decretando que se ********** también a los que no iban a misa que, si no eran indeseables terroristas, sí eran chavistas, otro tipo de indeseables que era mejor borrar del mapa. La ******** llegó también a muchos socialistas y votantes de Ciudadanos que no habían captado a tiempo de qué iba todo aquello y discrepaban de las decisiones oficiales de sus partidos.  En la nueva España unida no había sitio para disidentes fraccionarios. En los tiempos difíciles todos deben remar juntos por el bien de la nación. 
Después de un año desde el comienzo de la "******** *****", el gobierno, que ahora encabezaba otro dirigente del PSOE con más agallas que no el pusilánime de Pedro Sánchez, afirmó que la medida había sido un éxito rotundo, y que era el momento de realizar unas nuevas elecciones para consolidar la nueva democracia española.En esas nuevas elecciones PP, PSOE y Ciudadanos se presentarían en coalición bajo el nombre de Partido por la Democracia y el Trabajo (PDT) encabezados por Joaquín Sabina, o lo que quedaba de él después de ser nuevamente lobotomizado, esta vez en los sótanos ubicados bajo la calle Génova tras  ser secuestrado una noche que volvía de copas con Alberto Boadella. O eso se rumoreaba al comprobar que tras su desaparición aquella noche, había reaparecido inconsciente en un parking del barrio de Salamanca vestido de traje y corbata. A partir de ese momento Sabina encabezó el movimiento por la liberación de España que acabó siendo el brazo civil del PDT.
Y tras cuatro años de gobierno de Sabina y su PDT con mayoría absoluta, nadie duda de que ellos han traído la felicidad a nuestra sociedad, al menos no dudan abiertamente, claro. Atrás quedaron los días cuando las fuerzas hostiles a la nación dividían la sociedad.  

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