dilluns, 1 de febrer de 2016

Podéis quedaros el pañuelo

Querido amigo Alonso
Os escribo esta carta tras llegar hasta mis oídos por diversas voces que vuestra merced goza finalmente de una nueva vida mucho más plena y menos torturada por las piedras que diariamente el destino coloca bajo nuestros pies.
Confío en que lejanos hayan quedado los tiempos en que solicitabais mi humilde ayuda para combatir juntos los molinos que hallabais en vuestro camino por la vida. Imagino que al final habréis comprendido que la fortuna da más vueltas que las aspas de aquellos falsos gigantes, y lo que ayer eran derrotas y más derrotas, ahora son victorias que seguramente compartiréis con vuestra bien hallada señora Dulcinea.
No quepo en mi de alegría por vos, aunque quede remanente en mi corazón una pequeña astilla: la que ha clavado vuestra merced al desterrar de su memoria a mi persona en estos momentos de gloria. Además, lenguas viperinas rebosantes de veneno han puesto en mi conocimiento que vuestras venturas las compartís con otras gentes que apenas sufrieron con vuestra señoría aquellos tiempos sombríos. A mi memoria vienen decenas de madrugadas en vuestra compañía, siendo los oídos que escuchaban vuestras penurias,  compartiendo con vos el pañuelo para que secarais vuestras lágrimas, y tratando de consolar con palabras de ánimo a vuestra desconsolada merced. Lejos han quedado, gracias a Dios, aquellos tiempos. Mas duele contemplar como en los momentos dulces, vuestra merced ha olvidado a un servidor alejándolo de su compañía. Seguramente vuestro inconsciente sea incapaz de desasociar mi persona de los recuerdos aciagos y lo más cómodo para vuestra merced sea ligarlos todos al mismo hatillo y lanzarnos juntos por el vertedero del olvido.
Aún así, sepa vuestra merced que siempre tendré un buen recuerdo de vuestra persona y que siempre estaré a vuestra disposición. Eso sí, le hago un último ruego: como el mal siempre va y viene, confío en que la próxima vez que tenga que descargarse a gusto de sus penurias, lo haga sobre otro pardillo. Por cierto, podéis quedaros el pañuelo.
Que Dios os guíe por el buen camino a vos y a vuestra familia.

 Vuestro escudero y amigo

Sancho

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