diumenge, 20 de desembre de 2015

Le Bar à Vins


En la calle Vintró, a las puertas del Mercat de Sant Andreu, hay un local muy pequeñito que puede pasar desapercibido si andas despistado observando el arco del Mercat o vigilando de no resbalar caminando sobre los adoquines.
Sin embargo, puede que algún atardecer que pasees solo por allí te tropieces con una niña que corra por esos mismos adoquines sin miedo a caerse, se pare delante de una puerta que jamás habías visto y mire a través del cristal. Entonces te darás cuenta por primera vez de que ahí hay un bar, pero no uno cualquiera. En su rótulo indica "Le Bar à Vins". Cuando veas a la niña abrir la puerta y entrar, la curiosidad podrá contigo y también te introducirás en ese pequeño mundo aparte. Te encontrarás con una chica alta que sale corriendo de detrás de la barra para levantar a la pequeña y abrazarla, primero pensarás que son madre e hija, hasta que caigas que detrás tuyo entra una pareja, los verdaderos padres, que saludan efusivamente a la chica y a su compañero detrás de la barra. Oirás sus nombres, Bruno y Atena, que la niña repite sin cesar. Sí, su acento y el nombre del local los delata, son franceses, más tarde te dirán ellos mismos que son "parisiens". Y cuando salgas pensarás que estabas equivocado, tú, que siempre habías pensado que los franceses, y en especial los parisinos, eran
...bueno, dejémoslo ahí, todo el mundo tiene derecho a equivocarse.
El caso es que Bruno y Atena te demostrarán que son perfectos anfitriones en su local lleno de buenos vinos y sabrosas tapas. Al principio pensarás en tomar nada más una copa de merlot, máximo dos. Acabarás compartiendo después una botella de Corto con unos amigos que de repente entrarán y que casualmente conocían ya aquel local y no te lo habían comentado antes.
Observarás aquella niña, Laia, siempre detrás de Atena, abrazándola, incluso bailando con ella. Para ella no hay vino, claro, aún le faltan unos cuantos años hasta que pueda disfrutar del purpureo elixir de los dioses. Se ha de conformar con un vaso de leche y unos trozos de pan caliente que se ve que a ella le encantan. Tú disfrutarás de una exquisita quiche, o una densa tartiflette au reblochon, tal vez de una tabla de quesos. Y un par de horas más tarde abandonarás Le Bar à Vins en un estado de euforia onírica inducida por el vino, la noche y las tenues luces ambarinas de la calle Vintró. Te parecerá que el mismo dios Baco te agarra para evitar que te caigas. Y aún no habrás girado la esquina con la calle Pons i Gallarza que ya tendrás ganas de volver lo más pronto posible, mañana mismo, a ese rincón parisino en pleno corazón de Sant Andreu. 


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