dimecres, 23 de desembre de 2015

Se busca Navidad


No parece Navidad.
Sí, la gente compra, pero no soy consciente de observar en las tiendas las colas que antaño se hacían para comprar jamón, gambas o turrones. Incluso ha pasado el día del sorteo del Gordo sin pena ni gloria, en los informativos este año la noticia ha quedado en un segundo plano detrás de la política. En la calle se escucha más hablar de elecciones que de vacaciones.
Supongo que también pesa el ambiente frío de mi oficina, un lugar donde apenas conozco el nombre de la mitad de mis compañeros, donde los jefes desaparecen de vacaciones sin avisar, sin decir ni siquiera felices fiestas. Por no hablar del lote que desapareció hace tres años de nuestras vidas, o de la cena de empresa que jamás sucedió. ¿Cómo lo véis? ¿Os parece normal? Si vuestra respuesta es afirmativa entonces nada que objetar, el raro soy yo. 
Ni siquiera el tiempo es el típico de Navidad. El Niño o lo que sea, se ha cargado el frío y nos lo ha cambiado por niebla y contaminación. No nos queda ni tan solo la ilusión porque este año nos pueda visitar la nieve, ya de por sí difícil de ver en la gran ciudad.

Me invadía una sensación de Navidades interruptus mientras caminaba por las calles de mi barrio respirando el plomo de la viciada atmósfera, escuchando a la gente hablar de pactos postelectorales, viendo la charcutería vacía. De repente noté que alguien había introducido su mano en uno de los bolsillos traseros de mis pantalones. Me giré rápido y vi a un niño que me miraba con los ojos muy abiertos, asustado. El chaval salió corriendo y tras un momento de duda yo eché también a correr detrás de él. No me costó mucho darle alcance, le agarré de la chaqueta, se la intentó quitar pero yo le hice un abrazo de oso y ambos caímos al suelo. Milagrosamente el pedazo de suelo sobre el que nos tiramos no estaba manchado por ninguna "caquita" o meado de perro. "Suéltame" me dijo mientras yo lo levantaba del suelo.

- ¿Qué estabas haciendo?
- ¿Tú que crees?
- Sí, ya lo he visto, me intentabas robar, ¿por qué?
- Si te lo cuento no me vas a creer.
- Prueba.

Y entonces aquel chico escuálido de piel morena me confesó que era Santa Claus, que aquel año se había quedado sin blanca y no había tenido más remedio que robar para comprar los regalos que luego iba a repartir sin ayuda de los renos (porque los había vendido por wallapop para pagar las deudas, al igual que el trineo mágico). Me dijo que había intentado de todo antes de ponerse a robar: buscar micromecenazgos, que si crowdfunding, que si créditos bancarios a intereses inmorales, pedir en el metro, pedir de rodillas a la puerta de un Mercadona...

- No te puedes imaginar como es la gente de cruel.
- ¿Te llegaron a agredir?
- ¡Qué va! ¡Mucho peor! Me ignoraron por completo. ¿Tú sabes lo duro que es reconocer las caras de las personas que te dejan cada año una copita de cava junto a los calcetines para agradecerte los regalos y que ahora ni siquiera te miran? La rabia es lo que me llevó a robar.
- ¿Y por qué no abandonaste el tema de los regalos?
- ¿Qué quieres decir?
- Si este año no tienes para regalar pues no regales nada.
- ¿Estás loco? No puedo hacer eso.
- Pero si es lo que la gente se ha buscado.
- ¡No lo hago por la gente! ¡Lo hago por mí! ¡Por mi fama! Yo soy Santa Claus, el afable anciano que cada año en Navidad reparte regalos por todo el mundo.
- ¿Y cómo es que eres un niño?
- Bueno, realmente soy así, una especie de Peter Pan. Lo que pasa es que las multinacionales prefieren la imagen del abuelo rechoncho con barba blanca vestido de rojo. Vende más.
- Es decir, que si no consigues el dinero no hay regalos, ¿no?
- Así es.

El chico me miró con cara de poker, yo sabía que mentía pero se había currado una historia tan graciosa que no pude más que abrir mi cartera y darle veinte euros. ¡Veinte euros! Todo porque no tenía un billete más pequeño en la cartera y no me podía echar atrás, el chico ya había puesto la mano para recoger aquel suculento aguinaldo. Mientras le daba el billete me sentí realmente gilipollas. Pensé en voz alta mi última reflexión "En fin, es Navidad". El chico me dio las gracias y comenzó a caminar rápido, yo imaginaba que era por si acaso yo me arrepentía de mi estupidez.

- ¡Espero que con lo que te he dado me traigas un buen regalo este año!

El niño se detuvo en seco. Se giró y me dijo lo siguiente, con una voz profunda que parecía imposible que pudiese surgir de su joven persona:

- Puede que seas de los que creen que la Navidad es tan solo una fecha del calendario, un festivo en el que toca comer en familia, ofrecer y recibir regalos. Puede ser que cuando te vayas a dormir el veinticinco pienses que ese día ya no se repetirá hasta dentro de un año. El caso es que algunos vivimos la Navidad cada día y es por eso que tenemos espíritu navideño. No culpes a los demás si no eres capaz de encontrar la Navidad, búscala en tu corazón y si la descubres serás feliz. Ya tienes mi regalo de este año.

Y el muy canalla escapó.

¡Feliz Navidad a todos!

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