dijous, 17 de desembre de 2015

Reeducación medioambiental

El agua cae a raudales a través del grifo abierto.
 - ¿Hoy es cuando tenías excursión con el colegio?
El hombre se pasa la cuchilla por la cara, dejando un surco limpio de jabón en su mejilla izquierda.
- Sí.
El chico está parado en la puerta del lavabo, observando el agua del grifo caer sin parar.
- ¿Dónde vais?
- A una charla sobre cómo proteger el medio ambiente.
El hombre limpia bajo el grifo la cuchilla llena de jabón y pelo. Ahora le toca a la otra mejilla.
- ¿Y qué pasa con el otro medio? ¿Qué le jodan?
- ¿Eh?
El chico desvía por un momento la mirada del grifo hacia su padre.
- ¡Jajajaja! ¡Era una broma!
- Sí.
La mirada vuelve a ese grifo por el que continúa fluyendo el agua.
- Vaya forma de perder el tiempo.
El chico calla. Sigue mirando el río que desaparece por el desagüe, un Guadiana en miniatura.
- ¿Te acerco en coche?
El hombre vuelve a remojar la cuchilla. Solo le queda afeitarse el bigote.
- No te preocupes, iré en bicicleta.
- No es molestia, te llevo. Total, la gasolina me la paga la empresa.
Finalmente se lava la cara con abundante agua. El chico piensa que con toda el agua que ha gastado para afeitarse podría haber llenado tres bañeras.
- Vamos a desayunar.
El hombre aparta al chico y se dirige a la cocina.
- Ahora voy.
El chico apaga la luz del lavabo, esa luz que su padre siempre olvida apagar.
- Hace frío esta mañana.
Mientras lo dice, el hombre se para a poner una temperatura de 25 grados en el climatizador de la vivienda.
- Yo no tengo frío, dice el chico.
- Pues yo sí.
El chico piensa que es lógico. Su padre va en camiseta de tirantes por la casa, en pleno mes de diciembre. Sin que su padre se de cuenta, vuelve a bajar la temperatura del climatizador a los 22 grados. Luego entra en la cocina donde su padre acaba de sacar varias cosas de la nevera, que queda abierta esperando que alguien tenga la bondad de cerrarla. Otra vez le toca a él cerrarla.
- Mira que hace tiempo que dicen que se está destruyendo la capa de ozono y chorradas de ese tipo. También decían que se iba a acabar el petroleo y mira, no parece que los árabes estén demasiado preocupados, ¿verdad? Si lo estuvieran no estarían comprando equipos de fútbol y gastándose un pastón en jugadores.
El chico sabe que no vale la pena discutir con su padre, ¿de qué serviría intentar hacerle comprender que vamos hacia un callejón sin salida? Ese hombre jamás entenderá que debemos comenzar por los pequeños cambios en nuestro día a día para ralentizar la destrucción de la naturaleza, de nuestro entorno, de nuestra vida. Y que únicamente con esa base podremos presionar a los gobiernos hasta obligarlos a dejar de favorecer a decenas de empresas que siguen enriqueciéndose gracias a hipotecar el futuro de la humanidad. Seguramente su padre le daría la razón en el tema de los gobiernos, pero sería incapaz de reconocer que él debería ser el primero en cambiar, en reeducarse medioambientalmente.
Todo eso piensa el chico mientras desayuna y luego recoge los platos tirando los desechos allá donde les toca (el padre los hubiese tirado todos al mismo cubo). Y mientras su padre conduce, él sigue pensando en toda la gente que será igual que su padre, en todos aquellos que jamás permitirán que el planeta se cure porque no les interesa, porque son incapaces de ver más allá de sus narices.
- Bueno, ya hemos llegado.
El chico se quita el cinturón de seguridad y abre la puerta del vehículo.
- ¿Sabes? Hace años yo también iba a esta escuela y, de hecho, también una vez fui a una charla sobre el medio ambiente. Solo recuerdo que fue un rollo.
- Adiós, papá.
- Adiós, chico. ¡No te aburras demasiado y no te duermas!
El chico cierra la puerta y espera a ver marchar el coche de su padre. Después mira a la puerta del colegio y piensa "él también fue a una charla igual en este colegio". 

Por fin se pone a andar, pero en sentido contrario al colegio.

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