dilluns, 18 de gener de 2016

Triste Lunes


Mi mente, no, mi alma, suplicó a mi sentido de la responsabilidad cinco minutos más. Éste, que ya comienza a sentirse viejo y débil, se los concedió. Así pude enterrarme bajo el nórdico durante un breve lapsus de tiempo que, cuando abrí los ojos, fue de doce minutos, cuando yo hubiese jurado bajo tortura que no habrían llegado a los cinco pactados. Esta vez el sentido de la responsabilidad reaccionó maldiciéndose por su debilidad. El cuerpo quiso levantarse como un muelle, pero el intento se quedó en algo parecido a un blandiblú, suficiente para poner los pies en el suelo y levantarme. "¿Qué? ¿Hacemos treinta flexiones?" Lo que debería haber sido una orden se quedó en una pregunta a la que el alma respondió, desagradecida, "¡Y una mierda! Comenzamos mañana." Así empecé esta mañana de lunes, un nuevo día de trabajo ("y gracias, que dirían los padres"). Mientras desayunaba pensé en la crueldad de la vida: Cuanto más estés disfrutando de un ser amado, de un buen sueño, de un buen momento bajo el nórdico, de un partido de fútbol o de una comida, más probabilidades habrá de que algo o alguien te lo joda.
El caso es que fue salir de la cama y no dejar de pensar durante todo el día que me había equivocado, que mi sentido de la responsabilidad es gilipollas y que la próxima vez me quedo debajo del nórdico y de allí no me sacan ni los antidisturbios.
No os voy a contar todo lo malo de esta mañana: que si el dolor de garganta, que si el metro lleno hasta la cabina del conductor, que si el café me sabe a rayos por culpa de la mucosidad, que si la faena se me resiste, que si la mañana se me hace larguísima... Y a la hora de la comida comienzo a entenderlo todo cuando alguien comenta que hoy es el "Blue Monday".

- Pues ya me va bien porque me tenía que comprar un móvil nuevo. - apunto ingenuamente.

Entonces me dicen que no, que eso es el "Black Friday". El "Blue Monday" parece ser que viene de un cantamañanas que un día se sacó de la manga un cálculo que identificó el tercer lunes de enero como el día más deprimente del año. Desde entonces celebramos con gran apatía, que es como se merece, este "Triste Lunes".

Realmente yo me siento así, pero no creo que sea muy diferente de otros lunes de enero, o martes, o miércoles. Jueves y viernes ya son otra cosa, en eso creo que muchos estaremos de acuerdo. Así que después de la pausa para comer, sigo con mi rutinaria tarde laboral en una oficina con la calefacción exageradamente alta. Me paso media tarde pensando en la opción de comerme, al salir del trabajo, un chucho de crema en una panadería cercana donde los hacen buenísimos. Esa idea me ayuda a seguir hasta la hora de salir, aunque sé que al final no me lo comeré para evitar problemas de conciencia, otra vez mi sentido de la responsabilidad al rescate.
Por fin llega la hora de salir por patas. Me despido de los compañeros y me encuentro con que Julio, el brasileño, me da la mano. Me quedo parado delante de él, mirándole a los ojos con cara de sorpresa. "Me han despedido" me dice. Acababa de llegar de vacaciones y el primer día lo han echado. Le deseo buena suerte de corazón y me largo pensando que el chucho ahora ya no es un capricho si no una necesidad para olvidar el puto blue monday. Y al sentido de la responsabilidad que le den mucho por ahí. 

2 comentaris:

Anònim ha dit...

Puto blue monday...
Suerte para el brasileño.
Lo mío son las tontitas con chocolate.
Abrazos febriles

Amparo

Anònim ha dit...

Tortitas puñetero corrector de los cojones.

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