dimecres, 27 de gener de 2016

Doscientos uno


Me encontró en la terraza de un bar del Paralelo. Digo me encontró porque vino directo hacia mí y me dijo "Te estaba buscando".
- ¿Nos conocemos?
- Yo te conozco a ti. 
- ¿De qué?
- Yo escribo tu vida.
Aquello se merecía una fuerte calada. Eché todo el humo del rubio en su cara. Él no se inmutó, se mantenía de pie junto a la mesa, esperando quizás a que yo le invitara a sentarse. Por supuesto no lo hice.
-¿Me espías?- No. No me hace falta.
- ¿No serás un mirón?
- ¡No, no! Soy escritor.
- ¿Y quién te ha dado permiso para escribir sobre mí?
- No lo necesito. Puedo escribir sobre ti todo lo que quiera.

Finalmente se cansó de estar allí parado y se sentó. Pidió un café solo al camarero, sin azúcar. Mientras tanto, yo le daba vueltas en mi cabeza a su respuesta. No entendía nada.

- ¿Quién eres?
- Me llamo José Antonio, aunque algunos me conocen por Pepe y otros por Wambas. También hay quien me conoce por JAP.
- ¿Y a mi que me importa todo eso? Yo quiero saber quién eres, cómo te llamen o te dejen de llamar me importa una mierda.
- Soy la persona que te creó.
- ¿Eres mi padre?
- Más o menos.
- A ver, papá, que te quede claro, si quieres echar un polvo no te hace falta hacerte el listillo. Pagas como lo demás y punto. Déjate ya de estupideces.
- Tienes un lunar en el pecho izquierdo.
- ¿Ahora te las das de adivino? Te lo puede haber dicho cualquier cliente.
- No. Lo sé. Lo que tú no sabes es que en realidad no lo tienes en el pecho izquierdo, si no en el derecho.
- ¿De qué vas?
- Compruébalo.
- No voy a comprobar nada. Vete.
- Compruébalo.
- ¡Qué te vayas!
- Me voy si quieres, pero antes compruébalo.

No sé porque le hice caso, pero me miré disimuladamente el escote - no llevo nunca sujetador - y vi que tenía razón. Siempre había tenido el lunar en el pecho izquierdo, y de repente ahora lo tenía en el derecho.

- ¿Qué ha pasado?
- ¿De qué color es tu pelo?
- ¿Me lo vas a cambiar también?
- Podría. ¿Lo dudas?
- Sigo sin saber quién eres.
- Ya te lo he dicho, tu creador.
- ¿Creador de qué?
- Tú eres uno de mis personajes, uno de mis favoritos.

Pegué un salto de dolor. Me había quemado con la colilla del cigarrillo totalmente consumido entre mis dedos.

- No te preocupes, no te saldrá ampolla.

De repente me desapareció el dolor. Le miré fijamente, supongo que se me quedó cara de tonta porque él sonrió. Debería decir que se trataba de un tipo muy vulgar, pero como él manipula mis pensamientos me obligará a engañaros diciendo que era un tipo atractivo, con una sonrisa encantadora.

- Veo que ahora lo entiendes.
- ¿Vas a aprovecharte de mi? Adelante, si quieres ahora nos podemos acostar y no te cobraré.
- No voy a hacer eso. Sería violación. No tengo ningún interés en abusar de ti.
- ¿Y entonces a qué has venido?
- Quería saber si estabas bien.
- ¡Que considerado por tu parte! Me conviertes en una prostituta de la que se han aprovechado los hombres desde que era una niña, me has alejado de mis padres, me has estigmatizado y ahora me preguntas si estoy bien.
- Bueno, la historia de tu vida no está escrita en el blog, solo aparece en el libro de Historias para el camino. Así que la mayoría de la gente no sabe lo de tu pasado.
- ¿Y qué pasa?
- Te debo pedir que no lo expliques para no reventar el misterio del único relato inédito del libro.
- ¡Serás gilipollas!
- Perdóname. Te invito a lo que estás tomando. Es un gintonic, ¿verdad? Tu bebida favorita.
- Es gintonic, pero mi bebida favorita es el vino.
- No, es el gintonic.
- Es el vino y punto.
- Está bien.
- ¿Y por qué has venido precisamente hoy a verme?
- Este es mi relato doscientos uno. Y me pareció que debía celebrarlo contigo, pronto hará tres años que te creé.
- Lo recuerdo. "La ciudad de los carritos de supermercado", ¿ahí es donde nací?
- Sí.
- ¿Y te inspiraste en alguien para darme vida? ¿Existe una Laura en carne y hueso que sea como yo?
- No exactamente. Eres un puzzle de personas reales, cómic y cine. No esperes que confiese mis influencias.
- ¿Y no hubiese sido más lógico que lo hubieses celebrado con tu primer personaje?
- ¿Ulises? No, con él celebro los aniversarios. Ya le tocará en abril. Ya no va en la bici, viaja en
 metro por culpa de la contaminación.
- Al final los coches le ganaron la partida.
- Los coches, las motos, las furgonetas. Sin embargo para la gente él es la amenaza.
- Pobre desgraciado.
- Sí

Me mira con cara de pena. Adivino lo que le ronda por la cabeza. El muy cabrón piensa que si Ulises está jodido yo aún estoy peor.

- Son tiempos difíciles para todos, Laura.
- ¿Para ti también?
- No tanto. Si olvidamos que no me lee casi nadie, por lo demás no me puedo quejar.
- Al menos te leerá la familia.
- De vez en cuando. Le dediqué un post a mi cuñado en su aniversario y con un poco de suerte lo leerá cuando vuelva a cumplir años.
- ¡Ja, ja, ja! ¡Un post reciclado!
- No están los tiempos para tirar las ideas. Me cuesta lo mío escribir la porquería que escribo.
- Si que eres duro contigo mismo.
- Creo que tengo que serlo. Yo debería ser el más crítico con mi trabajo.
- Seguro que lo eres.
- Mi mujer es peor. Pero eso es bueno.
- ¿Y si nadie te lee por qué escribes?
- Por muchas razones. Porque yo me leo. Porque me da la oportunidad de crear personajes maravillosos como tú, como Ulises, como el Cazador de Lágrimas. Porque me permite valorar a las personas buenas y denunciar a las personas malas. Porque puedo burlarme de las absurdidades de lo cotidiano. Porque me deja soñar y madurar esos sueños. Porque me ayuda a seguir el crecimiento de mi hija. Porque cuando pasa un tiempo me gusta leer las historias que escribí años atrás. Porque me gusta evolucionar...
- ¡Qué bonito!
- Ríete si quieres. No serías la primera, ya me han bautizado por ahí: literato, panfletero, ...
- ¿Y lo eres?
- Yo no hago daño a nadie, bueno quizás a los personajes reales que denuncio. A quien le guste lo que escribo que me lea, y a quien no le guste pues que no me lea, tampoco tengo problema en escuchar las críticas, luego ya analizaré si tienen una base o tan sólo son opiniones subjetivas. Lo que me jode es la gente que sin leer mis historias me critica.
- Deberías darles caña en tu blog.
- También sería abusar de mi poder.
- ¿Pero no te gustaría? ¿No te tienta?
- No, porque no lo van a leer.
- En eso tienes razón. No serviría de nada.
- Prefiero quedarme con mis pequeños éxitos.
- ¿A qué te refieres?
- El otro día mi madre descubrió que yo escribía. Le regalé el libro de La librería a la vuelta de la esquina, y empezó por mi relato. Yo pensaba que me diría que por qué perdía el tiempo escribiendo. Me llevé una gran alegría cuando vi la ilusión que le había hecho. Ha comenzado por mi relato y se lo está leyendo poco a poco. Cada día me pregunta cosas del cuento.
- Esto sí que es bonito. Mi madre, yo...
- Lo siento. Es culpa mía.
- Sí. Lo es.
- Algún día te haré justicia.
- ¿Cómo?
- Escribiré un libro sobre ti.
- ¿Y tendré un final feliz?
- Lo intentaré.
- Lo harás. Quiero un final feliz, si no para que quiero un libro.
- De acuerdo, tendrás un final feliz.
- ¿Me lo prometes?
- Lo prometo.
- Y algún día tu hija leerá mi historia.
- Y quién sabe, quizás ella continúe la saga y te convierta en una aventurera.
- ¡Sí, me encantaría viajar por todo el mundo!
- Laura la aventurera.
- Suena mejor que Laura la prostituta.
- No eres Laura la prostituta. Eres Laura.
- Tengo que irme. Se hace tarde.
- Adiós Laura. Cuídate.
- Adiós José Antonio. Cuídate y cuídame.

Le dejé sentado en aquella terraza, observándome mientras yo marchaba corriendo a pequeños saltos sobre mis tacones, resguardada dentro de mi abrigo, pensando que en breve volvería a mi asqueroso trabajo. Al menos me sentía más animada, él me había prometido un final feliz.

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