diumenge, 6 de juny de 2010

A otro lado

Por Toni

...Por esa misma razón, para ponerme a salvo del infinito, no guardo ni tampoco defiendo ninguna fotografía tuya. Hubiese sido un signo definitorio y definitivamente revelador, mortal y complejo para los recuerdos. Todo lo que necesito de ti lo llevo puesto, y dejo que la inflexibilidad del tiempo lo engulla igual que lo haría con una chaqueta de pana olvidada en el tronco de un árbol por un agricultor, que hace ya décadas sucumbió, mucho antes que su chaqueta, a la tozudez del tiempo.
Por ello quiero que tu recuerdo sea como viajar a un lugar desconocido. Como abrir la puerta que nunca me atreví a cruzar pero cuya llave he custodiado durante una eternidad con un recelo cegador que sucumbía mansamente al miedo que tenía a perderte.
Quiero que tu recuerdo rejuvenezca cada vez que lo añoro y que se regenere cada vez que traspase el umbral del ayer.
Por un instante vuelvo a pensar en el infinito como una solución viciosa y anfetamínica. Como una corrosiva y babosa consagración de la idiotez. De pronto vuelvo a estar seguro de todo, y me repito una y otra vez que el mundo no necesita fotografías sino recuerdos vivos. Lo que necesitamos es asustarnos, cuando, de pronto, al doblar la esquina nos encontramos contigo o más bien con el holograma que nosotros mismos creamos y acicalamos a nuestra imagen y semejanza. Justo en ese mismo instante desaparecemos dejando como rastro solamente nuestro olor. Insisto, no necesito almacenar fotografías tuyas para poder fijar y canonizar el hecho inevitable de que te hayas ido. Si de todo ese dolor queremos crear un fantasma, allá nosotros, somos completamente libres de hacerlo. Pero, ¡cuidado! Él no nos solucionará el problema. Él es sólo una presencia que nos acompaña porque queremos que así sea, no por ninguna otra razón.

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